Hay amistades que hacen más agradable el camino. Otras, en cambio, cambian el rumbo de una existencia. Son aquellas personas cuya presencia nos ayuda a descubrir quiénes somos, nos sostienen en los momentos difíciles y despiertan en nosotros el deseo de vivir con mayor verdad. Para Santa Teresa de Jesús, la amistad ocupa un lugar central en la experiencia humana y espiritual. No es un asunto secundario ni un simple afecto personal. Es uno de los caminos privilegiados por los que Dios transforma el corazón. Resulta significativo que la definición más conocida que Teresa ofrece de la oración esté construida precisamente sobre esta experiencia. En el Libro de la Vida escribe que «no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama». No recurre a conceptos complicados ni a largas explicaciones teológicas. Habla de amistad. Porque comprende que la relación con Dios no comienza desde el miedo ni desde la obligación, sino desde la confianza que nace cuando uno se sabe amado. Esta intuición...