Hay personas que pasan gran parte de su vida mirando hacia fuera sin llegar nunca a entrar verdaderamente dentro de sí mismas. Corren, trabajan, hablan, producen, se distraen… pero apenas se conocen. En medio de esa realidad, la imagen del Castillo Interior de Santa Teresa de Jesús sigue teniendo una fuerza sorprendente. Porque Teresa entendió algo profundamente humano: el ser humano posee una riqueza interior inmensa y, sin embargo, muchas veces vive lejos de ella. Cuando escribe Las Moradas o Castillo Interior, Teresa imagina el alma como un castillo lleno de habitaciones. En el centro de ese castillo habita Dios. Pero para llegar hasta allí hace falta recorrer un camino interior que no siempre es sencillo. Hay distracciones, miedos, resistencias y también muchas puertas que la persona evita abrir. Lo fascinante es que Teresa no presenta ese viaje interior como algo reservado a unos pocos privilegiados. Habla de una experiencia profundamente humana. Todos llevamos dentro ese castillo. Todos poseemos una interioridad muchas veces desconocida incluso para nosotros...