Cuando Santa Teresa de Jesús cuenta la fundación de Toledo en el Libro de las Fundaciones, no presenta una historia triunfal ni idealizada. Lo que aparece es algo mucho más humano: una mujer cansada, prudente, llena de intuición práctica y, aun así, decidida a seguir adelante. Teresa había aprendido que cada fundación despertaba resistencias. Por eso actúa casi en secreto. Ella misma explica que procuraba que nadie supiese nada “hasta tomar la posesión”, porque tenía experiencia “de lo que el demonio pone por estorbar uno de estos monasterios”. Y ahí aparece una de las anécdotas más reveladoras de la fundación. Teresa decide viajar prácticamente sola, llevando únicamente una compañera, para evitar problemas si algo salía mal. Dice que no quiso llevar todavía a las monjas porque venía “escarmentada” de dificultades anteriores y prefería pasar ella sola cualquier contratiempo. La escena tiene mucho de novela de caminos: una fundadora atravesando Castilla discretamente, buscando asegurar una casa, intentando evitar rumores y obstáculos antes de que todo estuviera...