Pocas ideas aparecen con tanta fuerza en los escritos de Santa Teresa de Jesús como la necesidad de conocerse a uno mismo. No es un consejo secundario ni una recomendación para quienes desean avanzar especialmente en la vida espiritual. Es el punto de partida. Para Teresa, nadie puede crecer verdaderamente si antes no aprende a mirarse con sinceridad. En una ocasión escribe en Las Moradas que, por muy elevadas que sean las gracias que una persona pueda recibir, nunca debe abandonar el conocimiento propio. La afirmación resulta sorprendente. Podría pensarse que, cuanto más avanza alguien en su relación con Dios, menos necesita detenerse en sí mismo. Teresa sostiene exactamente lo contrario. El conocimiento propio acompaña toda la vida espiritual, desde los primeros pasos hasta las moradas más profundas del castillo interior. Pero ¿qué entiende Teresa por conocerse? Desde luego, no habla de una introspección obsesiva ni de un análisis permanente de los propios sentimientos. Tampoco propone encerrarse en uno mismo. El conocimiento propio del que habla Teresa nace siempre...