Cada 20 de julio, la familia carmelitana vuelve la mirada hacia un hombre cuya vida sigue iluminando, casi tres mil años después, el camino de quienes buscan a Dios. No fue fundador de una orden religiosa ni dejó libros escritos. Sin embargo, su experiencia espiritual marcó de tal manera la historia del pueblo de Israel que terminó convirtiéndose en el gran padre e inspirador del Carmelo. Ese hombre fue el profeta Elías. Su figura aparece en las páginas del Primer y Segundo Libro de los Reyes en uno de los momentos más difíciles de la historia de Israel. El pueblo había comenzado a olvidar al Dios de la Alianza y se dejaba seducir por otros dioses, especialmente por el culto a Baal promovido por el rey Acab y la reina Jezabel. En medio de aquella crisis religiosa y moral, surge la voz firme de un profeta que se atreve a recordar que solo Dios merece el centro de la vida. No lo hace desde el poder ni desde la violencia. Lo hace desde una profunda experiencia de Dios. La tradición carmelitana ha visto siempre en Elías mucho más que un personaje bíblico. Lo reconoce como...