Hay una esperanza que depende de las circunstancias y otra que nace de una certeza mucho más profunda. La primera crece cuando todo marcha bien y se debilita ante la dificultad. La segunda permanece incluso cuando el horizonte se oscurece. Esa es la esperanza que Santa Teresa de Jesús aprendió a vivir y que, siglos después, continúa ofreciendo una luz para quienes atraviesan momentos de incertidumbre. La vida de Teresa estuvo lejos de ser un camino cómodo. Enfermedades prolongadas, incomprensiones, oposiciones a la Reforma, dificultades económicas, viajes agotadores y conflictos de toda clase acompañaron buena parte de su existencia. Sin embargo, resulta llamativo que, al recorrer sus escritos, no encontremos una mujer dominada por el pesimismo ni instalada en la queja. Todo lo contrario. Hay en ella una confianza serena que no nace de la ingenuidad, sino de la experiencia. Teresa había descubierto que la esperanza cristiana no consiste en pensar que todo saldrá como uno desea. Consiste en creer que Dios permanece fiel incluso cuando los acontecimientos parecen...