“Vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino”

6 ag. 2022 | Evangeli Dominical

Jesús reasegura hoy a los suyos, a los que creemos en Él: podemos ser pocos y pequeños – hoy más que nunca o eso nos parece a nosotros- pero el Padre ha querido darnos el reino, y lo ha hecho efectivamente. El camino cristiano está lleno de la abundancia de los frutos del Espíritu, esto es, la amistad de Dios, la compasión, la servicialidad y la amabilidad entre nosotros, los cuales no solo nos hacen más agradable y más fácil la existencia sino que también tiene la capacidad de darle sentido, de que despertemos cada día sin temor, asegurados por Dios mismo de nuestra pervivencia. Pero todo lo demás, especialmente lo material, es escaso y hay que trabajarselo. Desde nuestra sociedades satisfechas e incluso hastiadas no es fácil imaginar esta disyuntiva entre carencia material y abundancia de vida y sentido de la que habla el Evangelio. El reino inaugurado por Jesús y del que participamos no es nuestra sociedad de bienestar material y tantos malestares espirituales. De todos modos, el reino o vivencia personal y comunitaria de la presencia divina en Jesús, es una realidad en camino, siempre en construcción, amenazada por nuestra recepción de los bienes y dones divinos, esto es, de la calidad de nuestro seguimiento y amistad con Cristo. Por eso es clave la figura del “administrador” de la parábola contada por Jesús, pues las realidades espirituales, como las materiales, dependen en buena parte de la actitud y fidelidad de quien recibe y reparte. Entre los creyentes esta administración es una misión y un servicio: la de todos los que contribuyen a sostener y fundar la fe de los hermanos. Si estos se descarrían, peligra la vivencia misma de la fraternidad y comunión cristianas. Es esencial que estén vigilantes, hacia sí mismos, especialmente, y no tanto “celosos” de la fidelidad de los demás. La fe y la entrega llaman al amor y al servicio, la codicia y el egoísmo, a todo lo contrario.

Primera lectura: Sabiduría (18,6-9)

La noche de la liberación les fue preanunciada a nuestros antepasados, para que, sabiendo con certeza en qué promesas creían, tuvieran buen ánimo.
Tu pueblo esperaba la salvación de los justos
y la perdición de los enemigos,
pues con lo que castigaste a los adversarios,
nos glorificaste a nosotros, llamándonos a ti.
Los piadosos hijos de los justos ofrecían sacrificios en secreto y establecieron unánimes esta ley divina:
que los fieles compartirían los mismos bienes y peligros, después de haber cantado las alabanzas de los antepasados.

Segunda lectura: Hebreos (11,1-2.8-19)

Germans:
La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve.
Por ella son recordados los antiguos.
Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.
Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas, y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.
Por la fe también Sara, siendo estéril, obtuvo “vigor para concebir” cuando ya le había pasado la edad, porque consideró fiel al que se lo prometía.
Y así, de un hombre, marcado ya por la muerte, nacieron hijos numerosos, como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.
Con fe murieron todos estos, sin haber recibido las promesas, sino viéndolas y saludándolas de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.
Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver.
Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.
Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.
Por la fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac: ofreció a su hijo único, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia».
Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar de entre los muertos, de donde en cierto sentido recobró a Isaac.

Evangelio: Lucas (12,32-48)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.
Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.
Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa.
Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».
Pedro le dijo:
«Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».
Y el Señor dijo:
«¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?
Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles.
El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos.
Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá».