El Monasterio de San José de Ávila ha celebrado este lunes, 24 de agosto, una jornada especialmente significativa para toda la familia del Carmelo Descalzo. Hace exactamente 464 años, el 24 de agosto de 1562, Santa Teresa de Jesús fundaba en este lugar su primer monasterio, dando comienzo a una aventura espiritual que terminaría extendiéndose por todo el mundo.
La Eucaristía conmemorativa ha sido presidida por el P. Francisco Sánchez Oreja, OCD, superior provincial de la Provincia Ibérica de Santa Teresa de Jesús, acompañado por Carmelitas Descalzos, sacerdotes de la diócesis de Ávila y otros sacerdotes vinculados a la comunidad.
En su homilía, el Provincial ha comenzado recordando el carácter excepcional del lugar en el que se celebraba la Eucaristía: «Hay lugares que se visitan. Hay lugares que se contemplan. Y hay lugares que se rezan. Este es uno de ellos».
San José fue la primera casa que Teresa quiso levantar para el Señor y el lugar donde comenzó una historia que continúa viva 464 años después. Una fundación que nació en medio de dificultades, incertidumbres e incomprensiones y con unos comienzos humanamente muy modestos.
«Dios suele comenzar sus grandes obras en lo pequeño. No comienza con el ruido de las multitudes. Comienza con un corazón disponible, con una mujer que se fía, con unas pocas hermanas y con una casa pobre. Comienza con la oración. Y así comenzó San José», ha señalado el P. Francisco Sánchez Oreja.
Una reforma que comenzó de rodillas
El Provincial ha recordado que para Teresa la fundación de San José significaba mucho más que inaugurar un nuevo convento. Se trataba de hacer realidad una intuición que había ido madurando durante años: crear una pequeña comunidad entregada a la oración que pudiera servir a la Iglesia.
«La Madre Teresa lo entendió con una claridad extraordinaria: la reforma de la Iglesia comenzaba también de rodillas», ha afirmado.
La oración entendida como amistad con Cristo se convirtió así en el corazón de San José y, posteriormente, del Carmelo Teresiano. Una experiencia que continúa dando sentido a la presencia de las Carmelitas Descalzas en este mismo monasterio.
El Provincial ha dirigido por ello unas palabras especialmente agradecidas a la comunidad: «Vosotras sois hoy las guardianas de una llama que no encendisteis vosotras. La recibisteis de Teresa, la recibisteis de las primeras hermanas».
Frente a una sociedad marcada por las prisas, la productividad y la búsqueda de resultados inmediatos, ha reivindicado la actualidad de la vida contemplativa: «Vuestra clausura no es una ausencia, es una forma de presencia».
De San José a Duruelo
La celebración ha servido también para recordar que la historia iniciada aquel 24 de agosto de 1562 terminaría dando origen a toda la familia del Carmelo Descalzo.
«Aquí comenzó el Carmelo teresiano femenino. Y después, casi como una respuesta de Dios, vendría Duruelo. Y allí comenzaría la rama masculina de la Reforma», ha recordado el Provincial.
Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, desde personalidades y lenguajes diferentes, terminarían compartiendo una misma pasión por Cristo y una misma experiencia de un Dios capaz de transformar la existencia.
Esta vinculación adquiere una especial relevancia en 2026, Año Jubilar Sanjuanista, cuando se conmemoran los 300 años de la canonización de San Juan de la Cruz y los 100 años de su proclamación como Doctor de la Iglesia.
«La lámpara sigue encendida»
El P. Francisco Sánchez Oreja ha utilizado la pequeñez de San José y, posteriormente, de Duruelo para recordar que la fecundidad de una obra no depende necesariamente de su grandeza humana.
«Nazaret parecía demasiado pequeño; San José parecía demasiado pequeño y Duruelo parecía demasiado pequeño. Pero Dios no necesita grandezas humanas. Necesita corazones disponibles».
Por ello, 464 años después de aquella primera fundación, el Provincial ha invitado a regresar a lo esencial de la propuesta teresiana: «Volvamos a Cristo. Volvamos a la oración. Volvamos a la amistad con Jesús, a una vida en la que Dios ocupe realmente el centro».
La celebración ha concluido con una acción de gracias por todas las generaciones de Carmelitas Descalzas que han mantenido vivo el espíritu de aquella primera comunidad y por quienes han sostenido el monasterio a lo largo de su historia.
«Cuatro siglos y medio después, la lámpara sigue encendida», ha señalado el Provincial, pidiendo que San José continúe siendo para Ávila, para el Carmelo y para toda la Iglesia «una casa donde Dios sea amado, buscado y esperado».

