El Prepósito General de la Orden de los Carmelitas Descalzos, P. Miguel Márquez Calle, OCD, ha firmado este jueves el Libro de Honor del Ayuntamiento de Ávila, en un acto que pone de manifiesto la estrecha vinculación histórica y espiritual entre la ciudad amurallada y el Carmelo Teresiano.
El Padre General fue recibido por el alcalde de Ávila, Jesús Manuel Sánchez Cabrera, en un encuentro en el que también estuvieron presentes el prior de la comunidad de Carmelitas Descalzos de Ávila, P. Miguel Ángel González, OCD, el concejal de Turismo, Carlos López, y el secretario de la Red de Ciudades Teresianas Huellas de Teresa, Israel Muñoz.
Durante la visita, el P. Miguel Márquez quiso dejar constancia de su gratitud y afecto hacia una ciudad que ocupa un lugar único en la historia del Carmelo Descalzo. En el texto manuscrito que ha plasmado en el Libro de Honor destaca el privilegio y la emoción de llegar a Ávila, «cuna de Teresa y del Carmelo Teresiano», recordando que fue aquí donde la Santa inició la Reforma con la fundación del convento de San José, acontecimiento que marcaría el nacimiento del Carmelo Descalzo.
Asimismo, el Padre General subraya que, en este Año Jubilar dedicado a San Juan de la Cruz, es motivo de acción de gracias el legado que Ávila continúa ofreciendo al mundo como lugar de encuentro entre fe, cultura, mística y búsqueda de Dios. En su mensaje reconoce también «el profundo cariño y la devoción constante que la ciudad de Ávila ha manifestado siempre hacia Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, manteniendo viva su memoria en el corazón de su pueblo».
Ávila conserva una vinculación singular con la historia de la Orden. Además de albergar el primer convento femenino de la Reforma fundado por Santa Teresa de Jesús, la ciudad acoge hoy la comunidad de la Casa Natal de Santa Teresa, heredera de la primera fundación masculina del Carmelo Descalzo, iniciada en Duruelo, trasladada posteriormente a Mancera de Abajo y establecida definitivamente en Ávila, desde donde continúa irradiando el carisma teresiano.
En la parte final de su escrito, el Prepósito General expresa el deseo de que «Ávila, tierra de Teresa, continúe siendo faro de esperanza, memoria ardiente y hogar acogedor para cuantos se acercan a sus murallas y a sus calles buscando belleza, verdad y sentido». Asimismo, en nombre de toda la familia del Carmelo —frailes, monjas y laicos— invoca la bendición de Dios sobre la ciudad, sus instituciones, sus habitantes y los numerosos peregrinos que cada año llegan a ella atraídos por la huella de los grandes místicos carmelitas.
La firma en el Libro de Honor constituye un gesto de reconocimiento mutuo entre la ciudad de Santa Teresa y la Orden que nació de su impulso reformador, reafirmando unos lazos históricos y espirituales que, casi cinco siglos después, permanecen profundamente vivos.

