Se fue apagando la larga vida del Padre José Luis, poco a poco. Y amaneció la jornada de la Cátedra de San Pedro, con el recuerdo de su vida en el paso a la eterna, sin ruido y al amanecer. Se marchó de madrugada, cuando el reloj ni se nota, pero a la lora de las laudes ya había, seguramente, uno más en la gloria cantando las maravillas del Señor como su Madre.
Melilla fue su cuna desde el 12 de octubre de 1926. El salto a Málaga lo hizo pronto. Su infancia se desarrolla entre los Barrios del Perchel y la Trinidad, en sus juegos callejeros, colegio, iglesias, ermita…todo estaba cerca en el barrio que lo asumió sin darse cuenta.
Mayorcito entró en el Seminario Diocesano, y concluyó la filosofía. Y con este camino andado, que iba recorriendo como Terciario carmelita, recibió el Hábito de la Virgen del Carmen en el noviciado de los Padres Carmelitas Descalzos de Úbeda. Era el 4 de octubre de 1957. Un noviciado en el que copió muchas partituras de música; quizás no sabía que esos ensayos eran para su canto de predicación y pregón, en la vida, que es lo que destacó con diferencia en su recuerdo calado en el pueblo.
Úbeda: noviciado y teología. Y so ordenación sacerdotal con los ornamentos de terciopelo rojo, en honor al Santo del día: San Pedro, 1962. Un año de pastoral en Pamplona, y a trabajar, en Andalucía, de la que estaba enamorado.
Un cuarteto de ciudades esperan al Padre Zurita: Córdoba, Cádiz, Sevilla y Málaga. Todas de largos tramos, en argot cofrade.
Su andadura pastoral se inicia entre niños, en el Colegio Virgen del Carmen, y al comienzo del curso 1963. Una década de existencia tenía ya el centro, pero seguían cimentándolo con su buen hacer los religiosos, y al Padre José Luis le tocó la labor en el internado, prefectura (jefatura de estudios/tutorías) y profesor de historia. Dormitorio, comedor, estudios y vigilancia, alternando con paseos, cine y música española (siempre acompañado de los niños). Jugar, nunca se le veía; sin embargo en las celebraciones litúrgicas, se vivían con solemnidad y sin reloj, a tiempo muerto. El orden, el canto, los ornamentos, la participación, la solemnidad, el incienso, la predicación…le encantaban. De alguna manera, a los chicos y gente de su entorno, les fue llevando con los nuevos aires renovadores de la Iglesia. Con normalidad se le veía con hábito, pulcro, y gafas oscuras, casi antifaz. Para la calle, de sport, siempre bien puesto.
Cádiz y su Bahía surgieron en el final del curso de 1975. Prior y párroco del Carmen. Y desde primera hora profesor en el Instituto Nuestra Señora del Carmen de Puerto Real. Todos los días el autobús lo llevaba a su puesto de trabajo a no ser que combinase con alguno que realizase el mismo trayecto en coche propio. Y Cádiz se enamoró de su voz, de su estilo, de su aire y de “su gitanería”, llevándose a la gente de calle. A él le pasó lo mismo. Le dieron premios, homenajes, aplausos…y todo, por lo mucho que predicó, pregonó, coronando con el Pregón de la Semana Santa gaditano; lo mucho que casó, bautizó, enseñó… En fin, un fraile carmelita, capillita y cofrade. Y, siempre, su Orden por delante. Con su traslado dejó el priorato, la parroquia, en la que siempre ejerció este ministerio, y su reelección como Consejero Provincial.
Sevilla le espera en 1993. Atrás quedó la Tacita de Plata y el convento del Carmen, de nueva planta, mirando a la Bahía y la Virgen del Carmen, casi coronada, con todos los pasos dados. En Sevilla el Santo Ángel le ocupó todo su quehacer desde el altar y el confesionario, sin dejar, como es natural, las predicaciones cofrades. Tres años que le parecieron un descanso.
Málaga es el recorrido más largo, desde 1996. Por renuncia del que fuera prior, y aunque tiene bastantes años, reanuda la labor de superior y pastoral desde la parroquia, el confesionario y la predicación. De nuevo, las cofradías, se lo rifan. Las predica y pregona, no silencia su amor a la religiosidad popular en el campo cofrade, en ninguna parte, y pregona en la coronación de la Virgen de la Amargura, la popular Zamarrilla, la de su Barrio, que es como un pregón de la Semana Santa de Pasión, que también aquí realizó. Y fue pasando de adulto mayor a anciano, casi sin darse cuenta, en esta última chicotá recorrida casi en otra década, en el convento de la Alameda Principal.
Al Padre José Luis posiblemente se le recuerde, con el paso del tiempo:
Como fraile Carmelita Descalzo, por el amor a la Orden, con toda su historia y sus figuras. No había salida o excursión en la que él participase que se quedara un lugar teresiano o sanjuanista fuera del recorrido y sin comentado, y siempre tenía oyentes o seguidores.
Como buen predicador donde se le escuchaba con agrado y con esa palabra dulce e hiriente como la llega sanjuanista o el dardo teresiano.
Como pregonero de hermandades o de las hermandades, en el pregón por antonomasia, en lo más alto de la Ciudad y de su Semana Mayor de Pasión.
Como educador entre los pasillos y pupitres, de los centros de enseñanza, en un tiempo en que el cura todavía era una gran autoridad.
Como persona a la que le importa su figura, cuidada, en su porte externo: hábito, clériman o sport, siempre bien puesto y arreglado; y, como todos, en el convento, estaba con la ropa de casa.
Se le recordará por su silencio y obediencia, en muchas cosas que prefirió pasar página y seguir adelante, como buen fraile.
Y se le recordará por su amor mariano, que como decía la gente, el Padre Zurita siempre que habla tiene una flor para la Virgen, y en su entierro lo acompañaba la Virgen del Carmen ricamente cubierta de flores y un cuadro de la Virgen de la Zamarrilla, con su gran flor roja en la solapa.
También gozó de un buen ramo de flores en su entierro, en el que no solo estaban las coronas de los familiares prolongados en sobrinos, feligreses y amigos; también de su la comunidad de Stella Maris, el Padre Provincial, varios sacerdotes diocesanos, el Obispo del lugar y el padre Francisco Víctor, pupilo en el Virgen del Carmen, que se desplazó desde Úbeda para acompañarlo en el paso de esta tierra al Padre.
Y una cosa más: “Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?”, dice el Salmo 129; procuremos pasar página, a lo divino, también, nosotros. D.E.P.
Francisco Víctor López Fernández








