Mañana, seis de septiembre de 2018, a las ocho y media de la mañana, celebraremos las exequias del Padre Javier del Niño Jesús (Jesús Torres Ramírez). Vida larga, de más de cien años, con casi ochenta y dos años de profesión, y setenta y cinco años y dos meses y medio de sacerdocio.
Su vocación se inició en la trágica mañana del once de mayo de 1931. El mocito madrileño Jesús Torres Ramírez, de trece años, estudiaba en el Colegio de Areneros, centro de segunda enseñanza, con 495 alumnos, que la Compañía de Jesús tuvo desde 1909 hasta 1958 en la Calle Alberto Aguilera, de Madrid, compartiendo edificio con el ICAI. Esa mañana, un grupo de exaltados republicanos de izquierda incendió el colegio. Cuando llegaron con las teas y la gasolina, ya estaban ardiendo, y casi derruidas la casa profesa e iglesia de la Compañía de Jesús en la calle Flor Alta (edificio del que no queda nada) y ya ardía con impresionante columna de humo nuestra iglesia de la Plaza de España. Después, entre otros edificios, arrasarían también con el Colegio de Maravillas de los Hermanos de la Salle, el del Sagrado Corazón de Chamartín, el de San Fernando de las Mercedarias, el de María Auxiliadora de las Salesianas…
Como el edificio del ICAI es robusto, quedó muy dañado por dentro, pero no se derrumbó. Unos días después, los alumnos entraron a recoger sus pertenencias, pues aunque ardió su maravillosa biblioteca, las aulas estaban en mejor estado. Jesús Torres Ramírez halló que entre sus libros, dispersos y algo desbaratados, se hallaba uno desconocido: "Historia de un alma". Preguntó de quién era, y aunque indagó, no halló al propietario. Así que se quedó con el pequeño volumen. De esta lectura, nació su vocación al Carmelo Teresiano.
Aquel curso escolar acabó de manera brusca. Al septiembre siguiente, el edificio de los Jesuitas se había "nacionalizado", y allí, como sección del Instituto Isabel la Católica, concluyó Jesús Torres su bachillerato. En el otoño de 1935 tomó nuestro hábito en el Noviciado de Segovia. El maestro de novicios, Padre Valentín de San José, le impuso el nombre de Javier (pues el padre de Jesús Torres era un avispado andaluz llamado Francisco Javier Torres) y el joven escogió el apellido "del Niño Jesús", por la Santa que le había conducido al Carmelo.
