A todos los que formamos parte de esta gran familia del Carmelo, de esta familia de la Provincia Ibérica, en este día del Carmen, tan lleno de la alegría que brota de la Madre, la Hermana, la Compañera de vida y de caminos, la que nos enciende el corazón de ganas de vivir y de amanecer, la que nos abre siempre caminos no imaginados y conforta la vida y la esperanza en tiempos de pandemia, estando al pie de nuestras enfermedades y miedos, zozobras e inquietudes, la que tiende su manto para protegernos de todo mal y nos asegura que siempre, pase lo que pase, estará con nosotros.
Ella ha estado, está y estará a nuestro lado, dándonos la mano, velando y cuidando de todos nosotros sus hijos e hijas.
En este día, a pocos de la celebración de nuestro capítulo provincial, me sale espontaneo pedirle sabiduría, prudencia, luz, gracia y protección, para que todo lo que vamos a vivir en nuestra asamblea capitular esté tocado y atravesado de su presencia maternal, y nos traiga a todos, con Jesús, en sus entrañas, para que siga brotando en nuestra vida de provincia, la Fuente que mana y corre.
Hoy me nacen los nuevos piropos que el Papa nos ha invitado a añadir y decírselos con frecuencia:
‘Madre de la misericordia’, ‘Madre de la esperanza’, ‘Consuelo para los migrantes’. ¡Qué títulos más reconfortantes y llenos de sentido en esta hora de pandemia y de dificultad. Tú, a lo largo de la historia, has estado mucho más presente cuando arreciaba la tormenta… Tú, nubecilla del mar, eres promesa de lluvia fresca para fecundar la vida en medio de la sequía, tú, enfermera de nuestras almas, eres salud en tiempos de pandemia, tú, fortaleza y consuelo, eres defensa en tiempos de virus que amenazan con derribarnos, nos sostienes y nos afirmas en la salvación de tu Hijo, que al fin será vencedor de la historia, y de todas las amenazas.
En el mar agitado de nuestras vidas, ese mar que sepultó a muchos que buscaban otra vida, que soñaron sueños incumplidos, tú miras desde la altura sin perder de vista a ninguno, y sin dejar que el sueño de nadie se pierda, porque nuestro sueño es el tuyo, y nos llevas a todos en las entrañas. Estrella del Mar, vela por nosotros en la incertidumbre de estos días y de este tiempo.
Pero también me nace antes, darle gracias por ella misma, piropearla y abrazarla, mirarle con cariño y decirle que la quiero, que la queremos, agradecerle tanto, tanto, tanto… y quedarme a su lado, resumiendo todas mis peticiones en ‘lo que tú quieras, Madre’. ‘Tú sabes’. ‘Tú ves mejor que nosotros’. Gracias por ti, que tu corazón de Madre descanse y se sienta feliz en el corazón de cada uno de nosotros. Madre, felicidades por ti misma.
Claro que ponemos en tus manos a nuestros hermanos y hermanas que partieron durante este tiempo por el coronavirus, y que seguimos encomendándote a los que ahora están más agobiados, que ponemos en tu pecho y en tu regazo a los que están ahora en situación de más debilidad, a Linton en Cochabamba, a José Francisco, a Luis Aguilera, a tantos hermanos y hermanas nuestros… Con la seguridad de tu protección invencible, respiramos y nos disponemos para emprender el camino que tu Hijo nos propone, queriendo dar la vida.
Todas las peticiones quedan en la flor que te traigo, te traemos y en el beso que no pide nada, y agradece. Hoy te estrechamos contra nuestro pecho, madre, y te regalamos un ‘te quiero’ de hijos y hermanos, mirándote y dejándonos mirar por ti, con un gracias sin tiempo y sin prisa. Gracias Madre y Hermana nuestra.
Con palabras de hermana Mónica recién fallecida en el Carmelo de Santiago quiero dejaros y desearos un FELIZ DÍA A TODOS.
Gracias de corazón por vuestra vida y por tanto vivido y compartido, y por tanto por vivir y dejar que Dios siga sembrando en nosotros, para la vida del mundo. Un fuerte abrazo y una bendición.
Entrégate a la noche,
que te llama hacia adentro,
descansa en el misterio,
hundiéndote en el centro de su centro.
Ve, corazón, no temas
salir solo del puerto,
gozarte en tu vacío,
adentrarte en lo hondo del desierto.
Te lleva el Compasivo,
tu Maestro te guía,
no quieras comprenderle,
gózate a oscuras de su compañía.
Deja que todo pase,
dalo todo al olvido,
abrázate al silencio,
alégrate si todo está perdido.
Mi corazón, aguarda
la gloria de la aurora,
no temas, sólo cree
la dulce voz del que en tu seno mora.
(Hna. Mónica)
