La Junta y la Diputación invierten conjuntamente 156.000 euros para solucionar los problemas del convento de las Carmelitas
Ambas instituciones han destacado su unión para el mantenimiento del espacio y la importante colección de arte que atesora, subrayando la necesidad de su apertura al público y su promoción.
El director general de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León, Gumersindo Bueno Benito, y el presidente de la Diputación Provincial de Salamanca, Javier Iglesias, han visitado este jueves el Convento de las Carmelitas de Peñaranda, tras las deficiencias detectadas en el inmueble, dentro de un encuentro en el que ambas instituciones han anunciado su colaboración para subsanarlas.
Acompañados por el Prior de los Carmelitas Descalzos de Salamanca – Alba de Tormes, Miguel Ángel González, la alcaldesa de la ciudad, Carmen Ávila, y los arquitectos responsables del proyecto técnico de reparación, entre los que se encuentra el peñarandino Santos Plaza, las instituciones han expuesto las inversiones que realizaran para ello, cuyo total asciende a 156.000 euros, destinados a la eliminación de los diferentes problemas estructurales, debido al paso del tiempo y la falta de conservación, y que en esta primera actuación se centran en varios puntos concretos del monasterio.
Una problemática que, tal y como han indicado, se tenía conocimiento de ella en el Servicio Territorial de Cultura y Turismo de Salamanca el pasado mes de abril, alertándose de la existencia de humedades en la Iglesia del Convento de las Madres Carmelitas, con caída de agua directa al interior del templo. El templo, declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento el 30 de enero de 1997, alberga una importarte colección de pintura napolitana, principalmente de Luca Giordano o Lucas Jordán.
Ante ello se realizaba una visita técnica que constató la presencia de estas humedades, principalmente ligadas a la falta de mantenimiento y a movimientos de los planos de las tejas al separarse en los encuentros con los muros y al deterioro puntual de algunos elementos de la cubierta que afectan a limas y encuentro de estas bajo el anclaje de la veleta. Existen otros lugares con entrada directa de agua, ligados a roturas puntuales de piezas de segunda categoría o a la falta de cerramiento y mala colocación de las gateras de salida a la cubierta, subrayando además el deterioro generalizado de las tejas, que, en muchos casos y especialmente los situados en zonas de sombra, se están descomponiendo. En todo caso, del informe de valoración se desprende que no se aprecian signos de inmediata gravedad en cuanto a la estructura del templo.
Una situación que ha llevado a una rápida actuación, determinándose desde la Consejería de Cultura y Turismo acometer una intervención para afrontar los principales deterioros observados, como son la reparación de la cubierta del cimborrio de la Iglesia, donde hay humedades ligadas al anclaje de la veleta y al deterioro de un par de limas, así como reparar los encuentros de los paños de cubiertas con las fábricas de la iglesia, principalmente sobre la Capilla
de San José. Unas labores para los que el organismo autonómico invertirá un presupuesto superior a los 56.000 euros.
El director general de patrimonio de la Junta, Gumersindo Bueno, ha destacado sobre esta actuación que “es un gusto visitar monasterios como este con tanta riqueza cultural y donde se mantiene la vida personal y de sus espacios” resaltando la importancia de la colaboración entre instituciones para continuar con la conservación del rico patrimonio que tenemos en Castilla y León. “El camino que debemos seguir es este, ir de la mano para cuidarlo” afirmaba.
Por su parte, la Diputación Provincial se encargará de la restauración de la cubierta en la zona norte y oeste, para lo que cuenta con un presupuesto de 70.000 euros, y está prevista la organización de visitas de escolares. Una inversión y una actuación sobre la que Javier Iglesias, presidente del organismo provincial, apuntaba que “estamos ante un espacio único en España como exponente barroco y la gran perla escondida de Peñaranda. No podemos permitir que se pierda” y añadía que “rompo una lanza por abrir este rico lugar a todos. Que esta joya pueda ser visitada y admirada es algo muy importante”.
Una riqueza artística y cultural sobre la que también ha incidido la regidora peñarandina, Carmen Ávila, quien resaltaba la colaboración y ayuda municipal dedicada, explicando que “desde el Ayuntamiento trabajamos en las pequeñas cosas del día a día, como por ejemplo el convenio por el que se dotaba de sistemas de seguridad a la iglesia y el convento, y cuyo coste lo estamos abonando todos los años” subrayando la disposición del Consistorio para poner los medios necesarios para la promoción y difusión del arte del convento carmelita.
Una apuesta que también se ha visto impulsada por el Prior Miguel Ángel González, quien además resaltaba la figura histórica del conde Gaspar de Bracamonte, quien traía hasta el templo carmelita la gran colección artística que hoy se custodia. “Estas riquezas pictóricas, que estamos admirando 350 años después de su llegada, supone estar ante uno de los exponentes del barroco carmelitano más destacados de la comunidad y de gran valorpara Salamanca y para todos” afirmaba.
Tanto la Junta como la Diputación han condicionado su intervención al compromiso por parte de la propiedad del Convento del necesario mantenimiento del mismo, de la actualización del inventario de los bienes muebles que contiene y de la apertura de la iglesia para su visita. Una actuación que, según estiman los técnicos, podría estar completada en otoño, y sobre la que se está redactando un proyecto, que esperan finalizar a lo largo de los próximos meses.
El convento de las Madres Carmelitas Descalzas en Peñaranda de Bracamonte (Provincia de Salamanca, España) fue fundado por don Gaspar de Bracamonte Guzmán, gran mecenas de la Orden, que fue enterrado en el claustro de dicho convento. En 1667 se aprobaron las trazas del hermano Juan de San José y a continuación se buscó un sitio adecuado para su ubicación, a las afueras del pueblo. Este convento constituye un conjunto que alberga la mejor colección de pinturas italianas y bronces napolitanos existentes en la zona.
Descripción
Parece que lo primero que se construyó fue la capilla de Loreto, situada a espaldas del altar mayor, y a continuación la iglesia-convento y resto de las dependencias conventuales.
La iglesia, de mediano tamaño, tiene planta de cruz latina, crucero marcado y cúpula en el centro. La nave consta de tres tramos, divididos por fajones que apean en pilastras de estilo toscano. En el tercer tramo de la nave se abre, en el lado del Evangelio, la capilla de San José, cubierta de cúpula sobre pechinas, obra de Fray Pedro de la Visitación, y en el lado de la Epístola, la capilla de Santa Teresa, muy parecida a la anterior y cerrada igualmente con una reja de madera, de finales del siglo XVII. A través de dos puertas practicadas en el testero de la capilla mayor, se accede a la capilla de Loreto. Se trata de una estancia rectangular de cuatro tramos individualizados por fajones, que apean sobre sencillas pilastras.
Su exterior es de gran austeridad, realizada en ladrillo visto, a excepción de la portada, situada en la fachada meridional. Esta fachada se encuentra flanqueada por pilastras lisas, que tienen un frontón triangular con pedestales y bolas en los vértices. El acceso se realiza mediante arco de medio punto, enmarcado por pilastras lisas y hornacina en el cuerpo superior, que alberga la imagen de Santa Teresa, obra de la segunda mitad del siglo XVII.
El claustro es sencillo y austero. El piso inferior consta, por cada crujía, de cinco arcos de medio punto, de sección rectangular, que apean en pilares cuadrados, siendo en el superior los vanos adintelados.
Los cinco tramos de cada crujía, individualizados por arcos fajones sobre pilastras adosadas, se cubren con bóvedas de lunetos y de aristas en las esquinas.
En 1714, Gregorio Rodríguez y Juan del Pozo construyen, a la entrada de la iglesia, un atrio con balaustradas de hierro, según trazas de fray Pedro de la Visitación; obra ésta con la que se concluye la construcción del conjunto.
Patrimonio Artístico
Gaspar de Bracamonte no dejó de dotar al convento que había fundado de un rico patrimonio artístico, aprovechando además su posición como virrey de Nápoles, ordenó traer al convento obras de los mejores artistas de la época, en especial de Luca Giordano de quien el convento conserva al menos seis lienzos de gran calidad como: La Anunciación que preside el altar mayor de la iglesia, una Transverberación de Santa Teresa, además de escenas de la pasión como un Ecce Homo, Presentación al pueblo judío, Jesús con la cruz a cuestas, La Piedad o descendimiento. Otros artistas representados son: Andrea Vaccaro (Oración en el huerto de los olivos), Lazzaro Baldi (Santa Rosa de Lima), Jacopo Bassano (Santo entierro) o Guido Reni (Asunción y Coronación de la Virgen, de la que existen otras tres variantes en el Prado, la National Gallery de Londres y Bologna). Formando parte de los altares existen además una serie de cobres de factura flamenca cuyos autores aún no han podido ser identificados.
En la parte superior del altar se conserva un Calvario en bronce dorado colocado dentro de una hornacina de ébano flanqueada por dos columnas y delante de cada una de ellas las figuras de María y San Juan Evangelista, ambas de bulto redondo con gran maestría y detalle, todo de factura italiana. También en bronce dorado en la capilla de la Virgen de Loreto se conserva un curioso y soberbio relicario, de origen siciliano seguramente; de forma rectangular, en el centro, una hornacina con un calvario de ámbar y figuras de marfil que representan pasajes de la vida de Cristo en miniatura; sus puertas son de ébano y dentro además de diversas reliquias de santos conserva una astilla de lignum crucis.
Diversas tallas que se conservan son posiblemente de la mano de Gregorio Fernández. De gran valor es una cruz llamada "de las postrimerías" de origen napolitano, en la que cinco rostros tallados en cera (ceroplástica) representan las postrimerías: la muerte, situada en el centro de la Cruz, el purgatorio, con la boca entreabierta, el paraíso con semblante que refleja paz, postura erguida y ojos mirando hacia el cielo en modo contemplativo, el limbo es una figura con rasgos más bien infantiles y expresión que denota ingenuidad, por último el infierno que en cambio aparece representado por un rostro más bien macabro y cuyo tono se ve acentuado por demonios que la flanquean.
