Conocido por su labor solidaria, Linton contrajo la COVID-19 tras acompañar a una mujer en sus últimos momentos de vida. Después supo que la misma tenía coronavirus. Enfermó el 27 de junio.
Dio positivo a la COVID-19 y fue internado en el hospital Solomon Klein el 29 de junio, en el mismo pabellón que bendijo en su inauguración hace dos años.
Linton Guzmán Tórrez nació en 1959, en Potosí. Es hijo de Vitaliano Guzmán y Vidma Tórrez. Era el cuarto hijo de ocho hermanos. La familia Guzmán Tórrez dejó Potosí, tras la jubilación de las minas de su padre en 1962, y se trasladó a Cochabamba.
Según Linton, vivió una feliz niñez, hasta que falleció su padre, cuando se vio en la necesidad de ingresar al mundo laboral, con solo 12 años. Desde ese momento, el joven impetuoso aprendió a estudiar y a tener más obligaciones. Paralelamente y, poco a poco, la llama religiosa comenzó a avivarse dentro de él. “Cuando era pequeño y mis familia-res me preguntaban qué quería ser de grande, siempre respondía que deseaba ser curita”, recordaba. Deseo que fuera tomando más forma cuando su familia recibió la visita de su tía -que era monja y estaba interna en el convento Santa Teresa-. “Al verla, con una carita de ángel, me di cuenta de que yo estaba convencido de lo que quería hacer”.
Los últimos años del bachillerato, Linton combinó el estudio, el trabajo y su creciente vocación de fe. Por ello, comenzó a catequizar a lado de un grupo de misioneros, que viajaba los fines de semana hasta la zona de Illataku, en Quillacollo, para preparar a los niños y jóvenes para hacer la primera comunión o confirmación.
Pero nunca se alejó del Convento y, de tiempo en tiempo, entraba a la iglesia y se quedaba meditando. A los 18 años consolidó su vocación. Durante un par de años el aspirante a sacerdote dejó sus estudios para dedicarse solo a trabajar, pero luego retomó su formación.
En 1982 terminó sus estudios, a la edad de 21 años, del colegio Abaroa. Ese fue el momento en que decidió seguir su vocación e ingresar como postulante a la orden Mariana de los Carmelitas Descalzos.
En 1987 hizo su profesión simple. Abrazó el nombre religioso de Linton Guzmán Tórrez de la Cruz.
Posteriormente, ingresó a la Universidad Católica Boliviana, a la carrera de Filosofía y Teología. Durante muchos años, Guzmán residió en la parroquia de San Antonio y también en el convento de padres Carmelitas en la América, hasta que fue enviado como diácono a La Paz, donde trabajó por muy poco tiempo.
Retornó a Cochabamba para reincorporarse a la parroquia de San Antonio. Entre los muchos cargos que ocupó están: superior, formador, responsable de la delegación provincial y asistente de la federación de la orden de las Madres Carmelitas Descalzas de Bolivia.
El padre Lintón confesba que su inspiración y fiel protectora siempre fue la Virgen del Carmen; por eso, cada vez que tenía en frente a la imagen mariana, la miraba con gratitud y devoción, la contemplaba por unos breves segundos y hacía la señal de la cruz, para proseguir su camino hacia la sacristía, ubicada a pocos pasos del altar, en el lado derecho. Ya está en brazos de María, quien tanto la amó.
