Pasaba la treintena de años cuando un buen hombre llamaba a Las Ermitas para iniciar la vida en la Familia de la Virgen. Le había precedido el Hermano Rafael Cuéllar Almagro y, quizás fue el punto de apoyo, para nuestro futuro Hermano Joaquín Rojas.
Había nacido en Bienvenida (Badajoz), el Primero de Año Nuevo del 1928. Y como siempre andaba rápido y con prisas, se le recordaba que no esperó a otro día que al primero del año para nacer.
Se presentó para el postulantado en Las Ermitas durante todo un año; dos años más dedicó al noviciado, y aquí profesó el 25 de abril de 1962.
Pronto pasó al convento más cercano, a Córdoba, al servicio del Colegio Virgen del Carmen con sus trabajos de cocina y con los párvulos, o sea, con los pequeños, más directamente: cocina, estudios, meriendas, dormitorios, paseos…. Y se sacó el carnet de conducir, que llevaba a gala ser el primer carnet de la Provincia. Por supuesto, el coche lo tenía impecable, más limpio que la patena, y eso que era sobre todo para el uso de transporte de comidas.
La profesión solemne la realizó en manos del P. Prior de Córdoba, Fr. Domingo Flores de Santa Teresa, el día primero de mayo de 1965, en presencia de todo el Colegio Teresiano, a media mañana. Algunos veíamos por primera vez esa clase de ceremonias solemnes y fuertemente fraternales.
Desde Córdoba pasó a Granada, con los Estudiantes mientras estudiaban en Armilla (Dominicos) y en Cartuja (Jesuitas) viviendo en pisos y estrecheces. Seguiría Baeza, nuevamente con los niños, tanto en el Colegio Menor San Juan de la Cruz como en el Colegio Teresiano, todos bajo el mismo techo (1978-1982), entre vigilancia de estudios, servicio en la despensa y viajes a los mayoristas para gastar menos o ahorrar más en las compras.
Elegido para la fundación de Badajoz, forma parte de los tres primeros conventuales, tanto en el Chalet (primer asentamiento) como en el recién estrenado Convento y Parroquia de Santa Teresa de Jesús (1982-1987); pasó pronto a Cádiz, y a Sevilla.
Iniciando la década del 90 lo encontramos en Córdoba, primero en la Curia Provincial, al servicio de la Secretaría, para continuar en la comunidad hasta que el Señor lo llamó a su regazo, el 26 de Enero del 2020.
Hasta aquí, lo rutinario, lo que se sabe más o menos a las claras. Lo demás, es más especial e inseguro, no obstante, podemos vislumbrar algunas cosillas. Aunque sus desvelos, madrugadas para tener todo dispuesto, cuidado y acompañamiento a los enfermos, acogidas a los que se acercaban al convento, bocadillos a los niños, y pobres… ¿quién los podrá contar?
Fue un religioso muy de su convento y amante de la celda, calladito. Se le encontraba normalmente en él. Tanto la lectura como la música clásica le ayudaban a gozar de la soledad conventual. Y a nivel de piedad, un buen religioso para la oración y la liturgia de las horas. Muy cuidadoso de las cosas y de los enseres sagrados, hasta recibir cariñosamente el título de “Sacristán Mayor”, de quienes le ayudaban en la sacristía e iglesia y en las grandes celebraciones.
A pesar de andar siempre muy derecho y erguido, padecía de la columna y de fuertes dolores de la misma y que le impedían hacer grandes esfuerzos y coger pesos pesados; no obstante, siempre estuvo animoso y trabajando. Buscando médicos para su mal, que no le solucionaban, oyó hablar de un “curandero” de Medina de las Torres (Badajoz), y allí que fue, frecuentemente, y que le hizo mucho bien; pero, sé murió, y se acabó este “tratamiento”.
Siguió con los dolores, los fríos, los resfriados, el pulmón (aunque nunca fumó)…al final, se le presentó la muerte de cara, y no la esquivó. Y ahí estuvo al pie del enfermo, junto a su cama, la comunidad de Córdoba para acompañarlo las 24 horas del día, mientras estuvo ingresado en el Centro Sanitario el Hermano Joaquín.
Sabía que se moría, y no se angustiaba. Con su silencio y “callado amor”, como dijo el P. Provincial, en las palabras de despedida en su funeral, se fue yendo silenciosamente como fue su vida, al estilo de las hormiguitas. Recordaba el Provincial las obras por las que sueles ser recordados los religiosos, a veces; el Hermano, “por amor callado”.
El P. Prior que predicó en la misa “corpore insepulto”, y manifestó en tres palabras la trayectoria del Hermano: adiós, gracias y canto a la Virgen, que en este momento mariano fue armonizado con el órgano.
Alrededor del altar, un ramillete de 16 sacerdotes de la Orden y de la Diócesis, al que se sumaban los Religiosos no clérigos, postulantes de Granada, familiares, Carmelo Seglar, Cofradías del Carmen y de Jesús Caído, profesorado y comunidad educativa del Colegio del Carmen, fieles y devotos de la Virgen del Carmen y amigos del difunto, le dieron el último adiós a los pies de Jesús Sacramentado y la Madre Coronada del Carmelo. A hombros de sus sobrinos y familia se despedía al féretro en la Cuesta de San Cayetano.
Merece la pena recordar el eco de lo que dos amigos teresianos comunicaban a otros antiguos teresianos, en un Grupo de WhatsApp, finalizada la misa de entierro:
“Ha sido una ceremonia muy emotiva; la Familia Carmelitana se ha volcado en él. El Padre Provincial ha dado las gracias a todos, a los presentes y ausentes que lo conocimos y hemos pedido al Padre Eterno por él, Un abrazo” (FOO)
“Esta mañana estuve en el funeral del hermano Joaquín. Fue muy emotivo, muy sentido. Fue el funeral de un hombre sencillo, muy trabajador y servicial, hasta el final. Hace unos días tuve una conversación con él, cuando venía de correos, de recoger la correspondencia del convento y colegio, como todas las mañanas. En respuesta a la propia pregunta de cortesía (¿Cómo estás, Joaquín?), me respondió que estaba bien, pero que estaba aquí hasta que Dios quisiera llamarlo. Se ve que Dios tenía prisa por tenerlo a su lado y ahora deben de estar disfrutando juntos, porque la dolencia de amor sólo se cura con la presencia y la figura, como decía el Santo padre Juan de la Cruz.
En nombre de toda nuestra Familia TERESIANA, pedí a Dios porque lo tenga ahora y siempre sentado a su lado. Descanse en paz el hermano Joaquín” (ALM).
Fr. Francisco Víctor López Fernández, en Úbeda
