Cuando se habla de Santa Teresa de Jesús como fundadora del Carmelo descalzo, es fácil pensar en ella como una gran reformadora, una mujer de carácter fuerte y de extraordinaria capacidad organizativa. Sin embargo, hay una dimensión más profunda que atraviesa toda su obra: Teresa fue, ante todo, madre de las primeras carmelitas descalzas. La reforma del Carmelo no nace simplemente de un proyecto espiritual o de una iniciativa institucional. Surge del corazón de una mujer que ha descubierto en la oración una amistad viva con Dios y desea compartir ese camino con otras. Teresa no busca crear monasterios numerosos ni influyentes; desea pequeñas comunidades donde sea posible vivir con sencillez, fraternidad y profunda vida interior. Desde el inicio, Teresa entiende sus fundaciones como hogares espirituales. Las hermanas no son simplemente religiosas que siguen una regla; son hijas con las que comparte un mismo camino hacia Dios. En sus palabras y en su manera de actuar aparece constantemente esta conciencia de maternidad. Teresa acompaña, anima, corrige y sostiene a las...