La Eucaristía en la Encarnación centra la mirada en lo esencial: volver a Cristo y caminar como hermanos

9 abr. 2026 | Actualitat

El IV Capítulo Provincial de la Provincia Ibérica de los Carmelitas Descalzos ha vivido esta mañana un momento especialmente significativo con la celebración de la Eucaristía en el Monasterio de la Encarnación, en Ávila, presidida por el P. Francisco Sánchez Oreja.

En este lugar profundamente vinculado a la vida de Santa Teresa de Jesús, el Provincial ha invitado a los capitulares a situarse en el corazón de la experiencia pascual, recordando que la primera palabra del Resucitado es un don: «Paz a vosotros». Una paz que no es solo saludo, sino presencia viva del Señor que sostiene, anima y envía.

En el contexto del inicio de un nuevo trienio, el Provincial ha subrayado que lo verdaderamente decisivo no son las estructuras ni las responsabilidades, sino reconocerse como una comunidad convocada por el Señor y sostenida por su Espíritu. En este sentido, ha recordado que la vocación carmelitana está llamada a ser testimonio: “no podemos callar lo que hemos visto y oído”, haciendo de la experiencia de Dios vivida en la oración una misión silenciosa pero real.

A partir del Evangelio, ha invitado a los capitulares a abrir los ojos para reconocer a Cristo en medio de la vida concreta: en la fraternidad, en la oración, en la historia compartida y también en la presencia orante de las Carmelitas Descalzas, que desde la clausura sostienen la vida y misión del Carmelo.

El Provincial ha señalado que este nuevo tiempo no debe entenderse solo como un periodo organizativo, sino como un tiempo de gracia, en el que el Señor invita a volver a lo esencial: a Cristo, a la fuente y al corazón de la vocación. Desde ahí, ha animado a caminar juntos, en fraternidad, humildad y esperanza.

En sus palabras dirigidas a la comunidad, ha recordado también que el servicio de gobierno está llamado a ser signo de unidad, escucha y discernimiento, vivido desde la lógica evangélica del servicio.

La celebración ha concluido con una invitación clara: ser testigos de la Resurrección, no desde la perfección, sino desde la verdad, haciendo de la propia vida un anuncio sencillo y elocuente de que Cristo vive

En la Encarnación, casa y escuela de Teresa, el Capítulo ha vuelto a poner su mirada en lo esencial, dejando que la Pascua ilumine el camino que la Provincia está llamada a recorrer.