COMUNIDADES
GIJÓN
Diócesis y Provincia de Oviedo. Comunidad Autónoma de Asturias. Parroquia.
Ntra. Sra. de Begoña
01 de enero de 1928
Avda. de la Costa, 33, 33205, Gijón, Asturias
985 34 12 20
BREVE HISTORIA
Diócesis y Provincia de Oviedo. Comunidad Autónoma de Asturias. Pertenece la comunidad carmelitana de Gijón. La fundación canónica data del 15 de octubre de 1928. El titular de la Iglesia y parroquia es Nuestra Señor de Begoña, patrona de la villa de Gijón.
En 1928 nuestros frailes se instalaron en una modesta casa de la calle Caveda 20, cuya planta baja se habilitó para capilla. En 1934 las religiosas Reparadoras se volvieron a su país. Estas religiosas atendían el santuario de Ntra. Sra. de Begoña y allí se instalaron los frailes Descalzos. Se inicia el culto en la iglesia por parte de los Carmelitas el 1 de enero de 1935. En septiembre de 1936 tienen que abandonar el convento por la cruenta Guerra Civil española. No obstante consiguen recuperar, casa e iglesia, al mes siguiente.
Por decreto de 30 de octubre de 1970 el señor Arzobispo de Oviedo erigía la parroquia de Nuestra Señora de Begoña y marcaba los límites de la misma. El 15 de agosto de 1975 se colocó la primera piedra del proyecto de nueva Iglesia y convento, que es él que podemos contemplar en la actualidad. La nueva iglesia se consagra el 18 de Marzo de 1978, fiesta de San José con anticipo de un día, por caer el 19 de este año en el Domingo iniciador de la Semana Santa, al de Ramos nos referimos.
APARICIO AHEDO, O.I., Los hijos de Santa Teresa en España, Ed. Monte Carmelo, 2014, pp. 161-162
EN PORTADA
ALEGRÍA Y ESPERANZA CAMINANDO CON SAN JUAN DE LA CRUZ
Del 6 al 12 de abril de este año 2026, un pequeño grupo de internos del Centro Penitenciario de Jaén, acompañados por el Monitor de deportes, del Coordinador de la UTE (Unidad Terapéutica y Educativa del Centro Penitenciario de Jaén) y la Coordinadora del Departamento de Trabajo Social, han recorrido la Sierra de Segura, entre Beas y Caravaca, realizando el Camino de San Juan de la Cruz, un camino hacia el interior, en la compañía del santo, tan místico como compañero, tan santo como cercano. Su experiencia y oración se han dejado ver en el esfuerzo que exige esta travesía de montaña, en el recuerdo de su pensamiento y obra literaria, pero, también, en la belleza y la potencia de hermosos amaneceres, el silencio o la conversación sencilla, el merecido descanso y la cálida acogida de otros caminantes o lugareños. Amaneceres que llenan de gozo y esperanza cada día por llegar, y borran, con amor, el error y el sufrimiento; atardeceres que preludian el abrazo del buen Dios en medio de la noche y donde haga falta: así nos lo recuerda san Juan de la Cruz en su obra Llama...

