Aprender a confiar cuando no todo está claro

28 Jun 2026 | Aventuremos la Vida

Hay momentos en la vida en los que nos gustaría tener todas las respuestas antes de dar un paso. Esperamos el momento perfecto, las circunstancias ideales o una certeza absoluta que nos garantice que no nos equivocaremos. Sin embargo, la vida rara vez funciona así. Casi siempre avanzamos entre preguntas, incertidumbres y caminos que solo se iluminan a medida que los recorremos.

Santa Teresa de Jesús conoció muy bien esa experiencia. Basta recorrer las páginas del Libro de la Vida o del Libro de las Fundaciones para descubrir que muchas de las decisiones más importantes de su existencia fueron tomadas sin tener todo resuelto. Fundó conventos sin apenas recursos económicos, emprendió viajes largos por caminos inseguros, afrontó la oposición de autoridades civiles y eclesiásticas y soportó incomprensiones incluso entre quienes compartían su misma vocación.

Y, sin embargo, siguió adelante.

No porque estuviera libre de dudas, sino porque había aprendido que confiar no significa verlo todo con claridad, sino caminar sostenida por una certeza más profunda que las circunstancias.

Hoy solemos identificar la confianza con la seguridad. Pensamos que solo podemos avanzar cuando controlamos todas las variables. Teresa propone exactamente lo contrario. La confianza nace cuando dejamos de apoyarnos únicamente en nuestras propias fuerzas para descubrir que hay una presencia que acompaña incluso cuando el horizonte permanece oculto.

En sus escritos no encontramos una mujer impulsiva que actúa sin pensar. Teresa discierne, consulta, reza, escucha y reflexiona. Pero llega un momento en el que comprende que ninguna decisión importante podrá eliminar completamente la incertidumbre. Siempre habrá riesgos. Siempre existirán dificultades. Siempre aparecerán voces que inviten a quedarse donde uno está.

Es entonces cuando la confianza deja de ser una idea y se convierte en una forma de vivir.

Resulta significativo que Teresa utilice con frecuencia el verbo determinarse. No habla de lanzarse ciegamente ni de actuar con temeridad. Habla de tomar una decisión desde la oración y sostenerla con fidelidad, incluso cuando las emociones cambian o los resultados tardan en llegar.

Su vida demuestra que la confianza no elimina el miedo, pero sí evita que el miedo tenga la última palabra.

Quizá una de las escenas que mejor expresa esta actitud sea la de sus constantes fundaciones. Cada nueva ciudad suponía comenzar de cero. Había que encontrar una casa, negociar permisos, reunir ayudas, resolver dificultades económicas y afrontar resistencias. Humanamente, muchas de aquellas empresas parecían poco razonables. Sin embargo, Teresa avanzaba paso a paso, convencida de que Dios no mostraba todo el camino de una vez, sino únicamente la luz suficiente para dar el siguiente paso.

Hay una profunda sabiduría en esa manera de vivir.

También nosotros querríamos conocer el final de la historia antes de empezarla. Querríamos saber si una decisión será acertada, si un proyecto saldrá adelante o si un cambio merecerá la pena. Pero la confianza auténtica no nace de conocer el futuro, sino de saber en quién hemos puesto nuestra esperanza.

Por eso Teresa nunca presenta la confianza como una actitud pasiva. Al contrario. Quien confía trabaja, se esfuerza, planifica y persevera. Pero lo hace sin la ansiedad de quien necesita controlarlo todo. Aprende a dejar espacio para que Dios actúe también donde las propias fuerzas ya no alcanzan.

En el fondo, confiar es aceptar que la vida no siempre puede comprenderse desde el principio. Hay caminos que solo revelan su sentido cuando ya han sido recorridos. Hay puertas que solo se abren después de llamar muchas veces. Y hay respuestas que llegan únicamente a quienes han tenido el valor de seguir caminando.

Teresa de Jesús vivió así. No esperó a que desaparecieran todas las dudas para responder a la llamada que intuía en su interior. Caminó con prudencia, sí, pero también con una libertad que nacía de la certeza de saberse acompañada.

Quizá esa sea una de sus enseñanzas más actuales.

En un mundo que busca controlar cada detalle y anticipar cada resultado, Teresa nos recuerda que la vida más plena no pertenece a quien lo tiene todo claro, sino a quien aprende a confiar incluso cuando el camino todavía no puede verse por completo. Porque la fe no consiste en caminar con todas las respuestas, sino en descubrir que nunca caminamos solos.

Juan Borrego