“San Juan de la Cruz sigue teniendo algo que decir porque habla de lo más profundo del ser humano”

11 May 2026 | Actualidad

Segovia acogerá del 18 al 21 de mayo un congreso internacional dedicado al doctorado de San Juan de la Cruz en el marco del Año Jubilar Sanjuanista y de las conmemoraciones del tercer centenario de su canonización y el primero de su declaración como Doctor de la Iglesia. En esta entrevista, el P. Salvador Ros, director del congreso, reflexiona sobre la actualidad del místico carmelita, la vigencia de su pensamiento y la necesidad de seguir redescubriendo a una de las grandes figuras de la espiritualidad, la literatura y la cultura universal.

Antes de nada, como premisa obligada: de San Juan de la Cruz nos separan más de cuatro siglos, ¿tiene algo que decir a nuestro tiempo San Juan de la Cruz?

Contra la primera impresión de extrañeza que parece imponer la lejanía cronológica, existen razones que nos permiten abogar por su actualidad para nosotros y nuestros contemporáneos, pues ha sido en los últimos años, a partir de la segunda mitad del siglo XX, cuando San Juan de la Cruz ha sido más estudiado y admirado por artistas, críticos literarios, filósofos, teólogos y pensadores, con una producción bibliográfica más abundante y más rica que la de los tres siglos precedentes. Sus estudios han puesto de relieve la riqueza extraordinaria de su figura, el valor de su obra poética –apenas mil versos que le han situado en la cumbre de la lírica española–, la profundidad de su experiencia mística y la originalidad de su teología.

Y ahora sí, ¿por qué celebrar en Segovia, en este Año Jubilar Sanjuanista, un Congreso sobre el Doctorado de San Juan de la Cruz?

Por dos motivos. Primero, porque la Orden y el Obispado de Segovia fueron los grandes impulsores de ese acontecimiento eclesial. Y segundo, porque a partir de entonces, de la proclamación del Doctorado, a lo largo de estos cien años se ha producido todo un redescubrimiento de San Juan de la Cruz, de su personalidad y de su obra, con importantes estudios en su triple tratamiento histórico, literario y doctrinal, que han marcado un antes y un después en la historia de su recepción.

Recuérdanos brevemente cómo fue ese proceso del Doctorado.

Fue en 1891, en el contexto de las celebraciones del tercer centenario de la muerte de San Juan de la Cruz, cuando los Carmelitas y el Obispado de Segovia iniciaron los pasos para la proclamación del Doctorado, con la recogida de cartas postulatorias, la publicación de la revista San Juan de la Cruz (la primera revista carmelitana de España y del mundo) y estudios científicos como Fisonomía de un Doctor, del padre Eugenio de San José, uno de los mejores especialistas de la época. La declaración oficial del Doctorado tardó en llegar 35 años (24 de agosto de 1926), en los que la Orden y el Obispado de Segovia se mostraron siempre incansables patrocinadores. Y como otro fruto de su mutua colaboración fue la inmediata construcción del actual sepulcro, inaugurado al año siguiente (9 de octubre de 1927).

El Congreso de Segovia sobre el Doctorado de San Juan de la Cruz lleva como lema un verso del Cántico espiritual: «Allí me enseñó ciencia muy sabrosa». ¿Por qué se ha elegido este verso o este enfoque?

Ciertamente, es un verso del Cántico espiritual, un verso que, como todos los suyos, habla de experiencia, de inspiración, de sintonía bíblica y de eficacia comunicativa, pero que además define muy bien, de manera bien explícita, la naturaleza de su doctorado, de su eminente doctrina. «La ciencia sabrosa –dice él– es la teología mística, ciencia secreta de Dios que llaman los espirituales contemplación, la cual es muy sabrosa, porque es ciencia de amor, el cual [Dios] es el maestro de ella y el que todo lo hace sabroso» (CB 27,5). Y así es como define también a sus poemas, como «dichos de amor en inteligencia mística», expresión de un amor místico inconfundible, compuestos «en amor de abundante inteligencia mística». Esa es, pues, la «ciencia muy sabrosa» de Juan de la Cruz, de la que nada supieron decirle sus maestros salmantinos –«que no saben decirme lo que quiero»–, experimentada y transmitida de manera tan seductora y con tal «anchura» significativa que puede ser entendida por todos, «para que cada uno se aproveche según su modo y caudal de espíritu», pretendiendo tan sólo que haga «efecto de amor y afición en el alma», lo que puede considerarse como la cima de su maestría.

Sin embargo, para muchas personas ese lenguaje de San Juan de la Cruz sigue resultando extraño y de no fácil comprensión.

Hasta no hace mucho, San Juan de la Cruz pasaba por ser un autor difícil y oscuro, poco leído y lo que prevalecía de él y de su obra era la parte ascética. De hecho la Iglesia justificó la concesión del Doctorado por la parte doctrinal de sus escritos en prosa, desentendiéndose de los poemas, «que no parece tan conveniente en un Doctor de la Iglesia», decían. Pero el famoso teólogo Hans Urs von Balthasar advirtió después, con toda razón, que si las poesías de San Juan de la Cruz son la expresión definitiva de su obra, «las aserciones decisivas», y él mismo «presenta la parte doctrinal de su obra como un comentario desajustado e inferior a las poesías, donde tienen lugar los auténticos pronunciamientos de que ninguna prosa es capaz», entonces «resulta que es Doctor de la Iglesia más como poeta que como prosista». San Juan de la Cruz no habría dicho lo que dijo si no lo hubiera dicho como lo dijo. No podía decirlo de otra manera. O lo que es lo mismo: su lenguaje, como genuina expresión mística, es siempre poético.

¿Esto quiere decir que su poesía es el texto más rico?

Efectivamente, el más rico de todos sus escritos, sin duda, pues la mayor cantidad de información y la más valiosa se encierra en la poesía, que es el hecho diferencial, el testimonio más próximo a la fuente, directo. De ahí que incluso para los teólogos, sobre todo para ellos, la poesía de San Juan de la Cruz sea también el texto más rico y el más problemático, pues ahí está su verdadera teología y, por tanto, su eminente doctrina, como han hecho ver José Damián Gaitán, Gabriel Castro y Teodoro Polo, entre otros.

El Congreso va a tener un tratamiento interdisciplinar de tres días y en tres bloques: historia, literatura y pensamiento. ¿Por qué y cómo?

El anterior centenario de San Juan de la Cruz (el cuarto de su muerte, año 1991) nos dejó bien claro que a este místico universal no se puede ir desde intentos aislados, sino de manera interdisciplinar, donde todos, el historiador, el filólogo y el escrutador de su pensamiento, están obligados a escucharse y entenderse. Y eso es lo que pretendemos hacer en el congreso con veinte especialistas de reconocido prestigio: analizar la recepción de San Juan de la Cruz, teniendo en cuenta los resultados de la investigación histórica, literaria y teológica, y a la vez ofrecer nuevas lecturas y perspectivas de su obra.

Pero después de tanto tiempo y de tanto como se ha escrito sobre San Juan de la Cruz, ¿queda algo por descubrir, algo que no se haya dicho?

A lo mejor habría que empezar revisando lo que se ha dicho. Pensemos que el tratamiento de revisión y recuperación histórica de San Juan de la Cruz es algo que se ha venido haciendo recientemente, con los estudios de Teófanes Egido. Se había avanzado, y mucho, en el tratamiento literario, en la genialidad de su poesía, en su espiritualidad peculiar, en el arte de expresar su experiencia mística, pero la imagen de San Juan de la Cruz seguía siendo la transmitida inercialmente por los hagiógrafos, de antaño y de hogaño, que encarrilaban por las vías del ascetismo, del rigor y de la observancia sin concesiones a uno de los espíritus más libres que haya existido.

El Congreso concluirá con un concierto de Amancio Prada sobre el Cantico espiritual junto al sepulcro de San Juan de la Cruz. ¿Qué sentido tiene cerrar así?

San Juan de la Cruz, no hay que olvidarlo, es un místico y a la vez un extraordinario poeta, el poeta místico por antonomasia, y un poeta es, ante todo, un cantor. Lo propio del que ama es cantar. Para él sus poesías son «canciones», de naturaleza musical, y como ocurre con la gran obra musical, las gozamos plenamente cuando comenzamos a saberlas de memoria; esto es, cuando en realidad no leemos, sino que escuchamos. ¿Qué mejor manera de concluir un congreso sanjuanista que escuchando su Cántico espiritual, y además en la voz de un gran artista que lo estrenó en Segovia y lleva cincuenta años cantando ese Cántico que no cesa?

¿Qué prospectiva o qué frutos cabe esperar de este Congreso?

En principio, lo deseable del congreso es que ayude a percibir un San Juan de la Cruz más real, humanista y cercano. Y por otra parte, que sirva de estímulo para seguir avanzando. En este sentido, quiero recordar que el año 1991, con ocasión del IV centenario de la muerte de San Juan de la Cruz, el papa Juan Pablo II dijo que «los lugares que evocan su vida terrestre son para todo el pueblo de Dios templos de veneración del Santo y cátedra permanente desde donde sigue proclamando su mensaje». En realidad, así lo hemos venido haciendo con la acogida de tantos peregrinos y con la animación del Centro de Espiritualidad. Pero ahora podría ser la ocasión de crear en Segovia esa cátedra permanente de San Juan de la Cruz, como lugar de encuentro, de estudio y diálogo de investigadores y especialistas, fortaleciendo así a Segovia como lugar sanjuanista de referencia.

En este sentido, y para terminar, una pregunta curiosa: ¿qué interés y que participación ha tenido Segovia en la convocatoria del Congreso?

Muchas veces se ha dicho que Segovia no tiene devoción a San Juan de la Cruz, que la tuvo inicialmente, y se quebró a mediados del siglo XVII con los decretos «De non cultu». Pero la visita del papa Juan Pablo II a Segovia el año 1982 significó un nuevo despertar, y hoy se puede decir que hay un verdadero interés por San Juan de la Cruz. De hecho, un 20% de las inscripciones al congreso son de Segovia, y yo sólo tengo motivos y palabras de gratitud para muchas personas que nos han ayudado a preparar el congreso y a las instituciones que han colaborado generosamente a financiarlo.