Con una solemne Eucaristía celebrada en la Catedral de Ávila, presidida por el obispo de la diócesis, Mons. Jesús Rico García, ha concluido el Encuentro Mundial de la Orden de los Carmelitas Descalzos Seglares (OCDS), que durante varios días ha reunido en la ciudad de Santa Teresa de Jesús a cerca de un millar de participantes procedentes de todo el mundo.
Bajo el lema «Testigos de la Experiencia de Dios: Identidad y Misión», el encuentro ha ofrecido un amplio programa de conferencias, momentos de oración, celebraciones litúrgicas, encuentros culturales y espacios de convivencia, fortaleciendo la comunión entre las comunidades de la Orden Seglar y renovando el compromiso de vivir y transmitir el carisma teresiano en los distintos continentes.
La Provincia Ibérica de Santa Teresa de Jesús ha tenido una destacada presencia durante todo el congreso, tanto por la participación de sus comunidades como por el acompañamiento institucional del P. Francisco Sánchez Oreja, OCD, provincial, quien ha compartido estos días con los carmelitas seglares de España y Portugal.
En total, 82 miembros de la OCDS pertenecientes a la Provincia Ibérica han participado en este encuentro internacional, representando a numerosas comunidades. La delegación ha estado integrada por participantes de Madrid (15), Cádiz (11), Comunidad Valenciana (8), Ávila (6), Murcia (5), Sevilla (5), Salamanca (4), Albacete (2), Badajoz (2), Córdoba (2), Jaén (2), Cantabria (1), Málaga (1), Tarragona (1), Tenerife (1) y Valladolid (1).
La celebración de este encuentro en Ávila, cuna de Santa Teresa de Jesús, ha constituido un acontecimiento de especial significado para toda la familia del Carmelo Descalzo. Además de favorecer el conocimiento mutuo entre comunidades de los cinco continentes, ha permitido profundizar en la riqueza del carisma teresiano y rendir homenaje a san Juan de la Cruz en el marco del Año Jubilar Sanjuanista.
La Eucaristía de clausura puso el broche final a unos días marcados por la fraternidad, la oración y la formación, enviando a los participantes de nuevo a sus países con el deseo de seguir siendo, allí donde viven, auténticos testigos de la experiencia de Dios.


