La Iglesia celebrará el próximo sábado 7 de noviembre, a las 11:00 horas, en la Catedral de Santander, la beatificación de los 80 mártires de la persecución religiosa de la diócesis de Santander, una solemne celebración que estará presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, en representación del papa León XIV.
El pasado 22 de mayo, el Santo Padre aprobó el decreto de martirio de D. Francisco González de Córdova y 79 compañeros, asesinados entre 1936 y 1937 por odio a la fe durante la persecución religiosa en España.
Entre los nuevos beatos figuran tres Carmelitas Descalzos: el P. Atanasio del Sagrado Corazón de Jesús , el Hno. Ruperto de la Cruz y el Hno. Maximino de la Virgen del Carmen, este último especialmente vinculado a la actual Provincia Ibérica de Santa Teresa de Jesús.
El testimonio del Hno. Maximino
El Hno. Maximino de la Virgen del Carmen era novicio carmelita descalzo y pertenecía a la comunidad de Reinosa, donde continuaba su formación cuando fue sorprendido por la persecución religiosa. Su vida, marcada por la sencillez, la entrega y el deseo de consagrarse plenamente al Señor en el Carmelo Descalzo, quedó sellada con el martirio, ofreciendo el supremo testimonio de fidelidad a Cristo.
Su próxima beatificación constituye un motivo de profunda alegría para toda la familia carmelitana y, de manera especial, para la Provincia Ibérica, que reconoce en él un ejemplo luminoso de vocación, esperanza y perseverancia.
Un reconocimiento al testimonio de la fe
La causa de beatificación comenzó en la diócesis de Santander en 1996, siendo obispo mons. José Vilaplana Blasco. Tras un largo trabajo de investigación histórica y recopilación de testimonios, la fase diocesana concluyó en 2018 y el proceso continuó en Roma hasta la aprobación definitiva del decreto de martirio por parte del papa León XIV.
La ceremonia del próximo 7 de noviembre reconocerá oficialmente el testimonio de estos 80 hombres y mujeres, entre sacerdotes, religiosos, seminaristas y laicos, que permanecieron fieles a Cristo hasta entregar su vida.
Para la Orden de los Carmelitas Descalzos, esta beatificación supone un momento de especial gratitud al contemplar cómo el testimonio de los tres carmelitas continúa iluminando el camino del Carmelo con la fuerza silenciosa del Evangelio vivido hasta el extremo.


