La comunidad del Carmelo Seglar de Albacete ha vivido este sábado 31 de octubre una jornada de especial significado con la celebración de nuevos compromisos vocacionales de cuatro de sus integrantes. La Eucaristía, presidida por el P. Francisco Sánchez Oreja, superior provincial de los Carmelitas Descalzos de la Provincia Ibérica, ha reunido a la familia carmelitana en un ambiente de oración, fraternidad y acción de gracias.
Durante la celebración, Luz ha profesado sus votos como carmelita seglar; Esperanza ha realizado sus promesas definitivas; y María Elena y Julia han formulado sus promesas temporales, dando así un nuevo paso en su camino de seguimiento de Jesucristo desde la espiritualidad de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.
La celebración ha contado con la presencia orante de las Madres Carmelitas Descalzas, cuyo testimonio contemplativo constituye una expresión fundamental de la vida y el carisma del Carmelo.
Una vocación que se hace visible en la vida cotidiana
En su homilía, el P. Francisco Sánchez Oreja recordó que la vocación carmelitana no consiste simplemente en asumir obligaciones, sino en responder al amor de Dios y permitir que esa relación transforme toda la existencia.
«Vuestra consagración no es, ante todo, una promesa de hacer muchas cosas, sino una respuesta de amor a Alguien», expresó el provincial, subrayando que el compromiso con Cristo debe hacerse visible en la familia, el trabajo, las relaciones personales y la vida comunitaria.
A partir de las lecturas de la jornada, desarrolló tres claves fundamentales para comprender el sentido de los compromisos celebrados: poner a Cristo en el centro, cultivar la sed de Dios y vivir desde la humildad.
El provincial destacó que la oración teresiana no aleja de las realidades del mundo, sino que ayuda a contemplarlas con los ojos de Cristo y a responder con mayor sensibilidad, cercanía y disponibilidad.
«Una persona de oración debería ser una persona más humana, más cercana, más humilde y más fraterna», señaló.
La fidelidad se construye cada día
Dirigiéndose personalmente a las cuatro hermanas, Francisco Sánchez Oreja las animó a comprender sus compromisos no como una meta alcanzada, sino como una invitación a renovar diariamente su respuesta a Dios.
Recordó que la fidelidad se construye en los gestos sencillos, en la oración perseverante, en el servicio silencioso, en la paciencia y en la capacidad de reconciliación.
Asimismo, insistió en que las promesas y los votos no son reconocimientos personales, sino compromisos de amor y servicio, desde la humildad que Santa Teresa de Jesús identificaba con «andar en verdad».
Una misma familia, distintas formas de vivir el Carmelo
La celebración permitió también poner de relieve la profunda comunión entre las Carmelitas Descalzas y el Carmelo Seglar.
El provincial agradeció expresamente a las religiosas su presencia contemplativa y recordó que la vida de oración del monasterio y el compromiso de los seglares en medio del mundo son expresiones complementarias de una misma vocación.
«La oración escondida de este monasterio y el compromiso apostólico de los seglares no son caminos separados. Son expresiones distintas de una misma vocación eclesial», afirmó.
En este sentido, destacó que la Iglesia necesita tanto comunidades que sostengan la vida espiritual desde la contemplación como personas que lleven el Evangelio a sus familias, trabajos y ambientes cotidianos.
María, modelo de disponibilidad y entrega
Coincidiendo con la celebración en sábado, día especialmente dedicado a la Virgen María en la tradición carmelitana, el provincial invitó a las cuatro hermanas a contemplar en ella un modelo de confianza, fidelidad y entrega.
La homilía concluyó con una llamada a toda la familia del Carmelo a vivir con un corazón verdaderamente teresiano: abierto a la oración, a la escucha, al amor y al servicio.
La jornada ha sido una ocasión para agradecer la vocación de Luz, Esperanza, María Elena y Julia y para renovar el compromiso de toda la comunidad del Carmelo Seglar de Albacete con una espiritualidad que busca hacer presente a Cristo en la vida cotidiana.


