ENCUENTRO EN MEDINA DEL CAMPO

10 Jun 2019 | Sin categoría

                El sábado 4 de mayo nos reunimos unos cuantos compañeros y amigos de los años de internado en el Colegio de los Padres Carmelitas de Medina del Campo, acompañados de las esposas y algunos amigos. Éramos, en total, 40 personas.

                Este encuentro se celebra desde hace más de 30 años, con alegría renovada, máxime si a él acuden compañeros que no lo hacían desde hacía algunos años. Al verlos allí presentes, la sorpresa inicial se resuelve en un abrazo efusivo y el recuerdo de vivencias y anécdotas del pasado. Gracias a la educación recibida de los PP. Carmelitas, estos afectos aún continúan, lo que es doblemente de agradecer, pues nos reciben cada año con gran amabilidad y disponiendo todo para que el encuentro resulte lo más grato posible. Gracias por la acogida y por disfrutar en su compañía.

Después de hacer los saludos y parabienes oportunos mientras tomamos un refrigerio, nos pusimos en marcha para realizar la actividad prevista, que este año consistía en la visita a la iglesia de Santiago el Real, que en sus inicios fue la iglesia del Colegio de los jesuitas, fundado en 1551. A este colegio acudió San Juan de la Cruz en sus primeros años de formación. Allí adquirió una sólida formación en humanidades.

                Más tarde, la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767 por el decreto de Carlos III, el colegio-noviciado fue clausurado. El edificio se convirtió en fábrica de pólvora y poco tiempo después fue pasto de las llamas, aunque la iglesia se salvó, convirtiéndose en la parroquia de Santiago, más grande y noble que la anterior situada justo enfrente de la de los jesuitas. Se le añade la denominación de Real, como a otros muchos lugares expropiados, para indicar que habían pasado a dominio de la Corona. Testigo de ello es el escudo de Carlos III que figura en la fachada de la iglesia, encima del escudo de la Compañía.

                La iglesia es un claro ejemplo del estilo jesuítico en esos momentos, que se repetirá en otros muchos lugares. La iglesia guarda verdaderas joyas de arte, algunas ya estaban allí en el momento de la expulsión, otras se incorporaron después procedentes de la antigua parroquia de Santiago y otras posteriormente.

                La visita estuvo muy bien comentada por la Srta. Nazaret, con todo tipo de detalles y aclaraciones. Todo lo que allí se encuentra refleja la importancia de Medina del Campo en aquella época. Destacaré solamente unos cuantos ejemplos. La bóveda es de crucería estrellada, de estilo gótico tardío. Las capillas laterales están conectadas entre sí para evitar que el trasiego de la gente pudiera molestar a la celebración del culto. Además, la capilla relicario, que se abre en la nave izquierda con múltiples muestras de distintas reliquias. A esta capilla se suman los dos retablos del crucero, a ambos lados del retablo mayor, también retablos relicario.

                Pero hay varias imágenes muy veneradas por los habitantes de Medina; una es un Cristo en la Cruz, aún sufriente, objeto de gran devoción, que se procesiona en Semana Santa. En la misma capilla, entrando a la izquierda, hay otra imagen de Cristo, de medio cuerpo, hecha de papel y policromada.

A destacar, también, por la rareza de su representación, es la Virgen de la Expectación, de la Esperanza o de la O. Se muestra a la Virgen María encinta, en estado avanzado de gestación. Este tipo de representación no es habitual en la iconografía de la Virgen. Finalmente, destaco por su rareza la decoración del frontal de dos altares, uno en cada lateral de las naves, que está hecha con paja.

                Después de recrearnos en el recorrido por la iglesia y admirar su riqueza artística, nos dirigimos al Colegio para continuar nuestro encuentro compartiendo una sencilla pero sabrosa comida, amenizada con anécdotas y canciones y hasta con una lotería de libros y objetos aportados por algunos compañeros.

La jornada se terminó con la participación en una misa, cuyo colofón fue el canto del “Salve, Regina”. 

Finalmente llegó la despedida y los abrazos efusivos, no sin antes dejar constancia del día en una foto del grupo y con los deseos de volvernos a encontrar el próximo año.

Francisco Hernández