En los días 7 y 14 de abril, nuestra Iglesia fue el escenario de sendos conciertos corales que evocaron el misterio de la muerte, que se abre al misterio mayor de la Vida en Cristo Resucitado.
El 7 de abril, quinto domingo de Cuaresma, asistimos a un "concierto escénico cantado", que así llama su director, Felipe Bel, a las actuaciones del cuarteto vocal Cuartertum. Con una cuidada puesta en escena, interpretaron piezas de música sacra que nos hicieron revivir la Pasión de Cristo. Añadieron piezas profanas referentes a diversos entierros: Isabel la Católica, Verdi, Fauré… Fue, por tanto, un concierto de música coral con recitados y actuación escénica; se evocó el misterio de la muerte, con su referente primario, la pasión y muerte del Señor, y con recuerdos a la música que acompañó las honras fúnebres de otros difuntos memorables. Así se creó ambiente para la pieza que se anunciaba para el domingo siguiente.
El Domingo de Ramos, el mismo director dirigió la interpretación del Réquiem de Gabriel Fauré, así como de algunas piezas más del mismo autor. En esta ocasión, fueron numerosos los intérpretes: la Agrupación Coral de Coslada, a la que se unieron integrantes de otros coros, pues así lo precisaba la magnitud de la obra que se ejecutaba. Cabe resaltar que muchos le reclamaron a Gabriel Fauré que su Réquiem no parece fúnebre: es solemne y emotivo, pero no trasmite dolor. A lo que contestaba que él no podía componer otra música para un funeral, pues la esperanza impregnaba su forma de concebir la muerte.
Así, nosotros también entramos con esperanza en estos días de muerte y resurrección.
Antonio Benéitez

