El Bautismo de Jesús es el colofón del tiempo de Navidad pues manifiesta que ha comenzado efectivamente la redención de los hombres, el rescate y la renovación desde dentro de toda la Creación. Así Jesús es proclamado hijo del hombre que se solidariza con la historia humana y asume las consecuencias del pecado de todos cuando se pone en la fila de los que confesaban su mal y se arrepentían de él para comenzar una nueva vida gracias al bautismo de Juan. Y como Hijo de Dios cuando es reconocido por el Bautista y, lo que es más importante, por el mismo Espíritu de Dios que baja de los cielos que se abren y se posa sobre Él como una paloma, no para ungirlo o consagrarlo sino para mostrar quien es realmente este Hombre y que el Espíritu de Dios habita en Él como solo puede hacerlo en su propia casa. Es como el relato de llamada o vocación de Jesús pero con la particularidad de que no es Dios quien le llama o le constituye -Dios Espíritu Santo solo señala quién es- sino que es Él mismo quien escoge libremente su camino haciéndose bautizar entre todos aquellos pecadores conversos: es la respuesta que Dios mismo está dando a su voluntad de cambio que es la mejor preparación ante la intervención divina. Jesús está cumpliendo de este modo plenamente lo que Juan ha anunciado acerca de la intervención definitiva de Dios, que ahora sucede. Juan ha pedido a todos la «conversión», el volverse a Dios, dejando la propia injusticia para abrirse a lo que Dios está a punto de hacer. Por eso Jesús comienza donde lo hace: para refrendar y dar cumplimiento a lo iniciado por Juan en nombre de Dios. De hecho, Juan intenta disuadir a Jesús, sabiendo o intuyendo quién es pero Jesús lo ataja diciendo que «conviene que cumplamos toda justicia». Es decir, no es ahora el momento en que Jesús bautizará a Juan en el Espíritu, sino que es necesario que Jesús sea bautizado por Juan con agua para unir ambos Testamentos, para mostrar real e históricamente que Dios cumple sus promesas. Pero cuando las cumple siempre va más allá y todo se hace de un modo a la vez, anunciado e insospechado: Jesús llevará a cabo el juicio de Dios que anunciaba Juan pero actuando dentro de cada hombre, de cada pecador, sanando y curando su alma, su vida. Por eso Él recibe el bautismo de los pecadores y se solidariza con ellos para ofrecer a todos el verdadero y definitivo Bautismo que auténticamente perdona los pecados y restaura por completo la vida del hombre. Para que esto quede claro, Jesús es manifestado públicamente como el Hijo amado en quien Dios se complace, se identifica. Él va a obrar con la plena confianza de su Padre, de modo que quien le vea, vea al Padre, en quien obre, se haga la obra de Dios, el único capaz de crear y recrear por tanto al hombre. Esto es lo que nos irá mostrando el Evangelio: cómo Jesús, verdadero Hijo predilecto de Dios, asume como hijo del hombre cada una de nuestras vidas para transformarlas y elevarlas hasta que pueda compartir la misma vida de Dios, como era su llamada original.


