Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo"
25-03-2022
"Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo"

El cuarto domingo de cuaresma de este año es una invitación a profundizar en la misericordia, el amor infinito y fiel que está en la entraña de la naturaleza de Dios, tal y como se nos revela en su Palabra. Así, después de atravesar las tentaciones y de compartir, sobre el monte, la manifestación divina de Jesús, recibimos el mensaje de que no hay más camino que “volvernos” a este hombre que es donde Dios ahora actúa. Solo “convirtiéndonos” a él escaparemos a una muerte sin sentido y a una vida inútil. En este domingo, con la parábola del Hijo pródigo o del Padre Misericordioso, Jesús y su evangelista Lucas nos meten de lleno en la naturaleza de este Dios que se manifiesta, precisamente, en el perdón, la acogida y la misericordia. Para no entender mal este relato, conviene leer atentamente la primera lectura que describe la primera pascua del pueblo de Israel, como fruto de sus esfuerzos y “posesión” efectiva de la tierra prometida. Se trata del fin del “oprobio de Egipto” y del comienzo de la nueva vida: la celebración les introduce ya en el “disfrute” de todo lo que la tierra tiene que ofrecerles. Está implícito que esta nueva vida está sujeta a las condiciones de la alianza: mientras se mantenga la amistad con Dios, se disfrutarán todos estos dones, esta vida en presencia de Dios y en sana convivencia. El don, la certeza de lo que Dios ha hecho, funda la nueva vida, nunca puede ser una excusa para evitar el esfuerzo que conlleva siempre la conversión. El Dios que hace presente Jesús es este mismo obrador de misericordia del comienzo de los tiempos.

Es el Padre dador y sostenedor de la vida pero que precisa que aquellos a quienes hace y trata como hijos quieran vivir en esta luz y en este amor. Decía san Juan de la Cruz que quien no se someta al modo de ser de Dios no obtendrá nada de él, no podrá forzarle la mano; Teresa de Jesús hablaba de “hacerse a su condición”, no al contrario. El pecador que se da cuenta, que se “convierte”, por tanto, es quien recibe efectivamente todos sus dones y bienes; el que se sabe pobre y débil experimenta el inmenso bien de su compañía, su perdón, su fuerza, el ánimo vital que creó y sostiene este mundo. Quien no, aunque se crea muy cerca de él por su vida o mentalidad, en realidad está lejos, se hace incapaz de gustar los grandes bienes de su amistad, de la alianza.

» Primera Lectura

Lectura del Libro de Josué 5, 9a. 10-12

En aquellos días, el Señor dijo a Josué:
–Hoy os he despojado del oprobio de Egipto.
Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron la pascua al atardecer del día catorce del mes, en la estepa de Jericó.
El día siguiente a la pascua, ese mismo día, comieron del fruto de la tierra: panes ácimos y espigas fritas.
Cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra, cesó el maná. Los israelitas ya no tuvieron maná, sino que aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán.

» Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 5, 17-21

Hermanos:
El que es de Cristo es una creatura nueva:
lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.
Todo esto viene de Dios,
que por medio de Cristo nos reconcilió consigo
y nos encargó el servicio de reconciliar.
Es decir, Dios mismo estaba en Cristo
reconciliando al mundo consigo,
sin pedirle cuentas de sus pecados,
y a nosotros nos ha confiado el mensaje de la reconciliación.
Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo,
y es como si Dios mismo os exhortara por medio nuestro.
En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no había pecado, Dios lo hizo expiar nuestros pecados,
para que nosotros, unidos a él, recibamos la salvación de Dios.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos:
–Ese acoge a los pecadores y come con ellos.
Jesús les dijo esta parábola:
Un hombre tenía dos hijos: el menor de ellos dijo a su padre:
–Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces se dijo:
–Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.»
Se puso en camino adonde estaba su padre: cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y echando a correr se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo:
–Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.
Pero el padre dijo a sus criados:
–Sacad en seguida el mejor traje, y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete; porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado.
Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.
Este le contestó:
–Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.
El se indignó y se negaba a entrar pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Y él replicó a su padre:
–Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.
El padre le dijo:
–Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido, y lo hemos encontrado.

LECTURAS DEL DOMINGO


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