Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!"
17-12-2021
"¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!"

Hace unos días –concretamente desde el día 17– que caminamos en la última parte del Adviento, en la que recordamos y revivimos que el Señor vino ya en la humildad de nuestra carne y asumiendo nuestra pobreza, se hizo realmente presente y así inició esta nueva realidad que eestamos seguros que nos llevará hasta el fin y la plenitud que será su segunda venida. Celebramos hoy, por tanto, los fundamentos de nuestra vida creyente y de nuestra esperanza. La Palabra de Dios (primera lectura) no había determinado el momento de esta llegada y este encuentro pero sí las condiciones y hasta el lugar, la pequeña aldea de Belén de los efraimitas, un lugar emblemático que pertenecía al norte (Israel) pero que se emplaza muy cerca de corazón de Judá y es, de hecho, la ciudad de David y su “casa”. El texto habla de la aparición y manifestación de un heredero, un nacimiento, que sucede en la pobreza y el ocultamiento pero que será el preludio de grandes acontecimientos: el fin del castigo, del destierro y el retorno de los que se tuvieron que marchar, que ya sabemos que es el modo que tiene el AT de hablar de la salvación tal y como la esperaban. El mesías venía y vino y sigue viniendo en lo oculto y en lo humilde y él mismo fue hombre humilde para poder mostrar, paradójicamente, toda la fuerza y decisión de Dios para salvarnos a cada uno de los hombres, pues “pastoreará con la fuerza del Señor” para hacer que todos habiten tranquilos. El Evangelio determinaba y concretaba el cumplimiento de esta promesa en este encuentro y diálogo entre dos mujeres, las que mejor significan el don inexpresable de la vida y su debilidad que renuncia al uso de la fuerza para imponer la verdad a todos. Una de ellas, María, la madre del mesías, ha escuchado y creído la Palabra que le ha dicho que la otra mujer, Isabel, también está encinta y corre a ayudarla. Apenas se saludan, ambos niños, profetas también, se reconocen y reaccionan, aunque son sus madres quienes dan testimonio de lo que está sucediendo: María es la mujer bendita por excelencia, pues es y será la madre del mesías, que es también el Señor. Esta bendición se convierte en dicha efectiva, en alegría que se desborda a causa de la fe que comparten y por la que saben de cierto que lo “ha dicho el Señor se cumplirá”. Este es también el motivo de nuestra alegría; también hemos comprobado, y hoy también lo hacemos, que lo que dice el Señor se cumple, que viene y sostiene nuestra vida, la llena de luz y esperanza, de ganas de convivir sí, pero también de trascender esta realidad, de no contentarnos nunca con su “bienestar” y su “paz” cuando sabemos perfectamente que recibiremos mucho más, lo recibiremos todo si estamos dispuestos también a darlo todo.

» Primera Lectura

Lectura del Profeta Miqueas 5, 2-5a

Esto dice el Señor:
Pero tú, Belén de Efrata,
pequeña entre las aldeas de Judá,
de ti saldrá el jefe de Israel.
Su origen es desde lo antiguo,
de tiempo inmemorial.
Los entrega hasta el tiempo
en que la madre dé a luz,
y el resto de sus hermanos
retornarán a los hijos de Israel.
En pie pastoreará con la fuerza del Señor,
por el nombre glorioso del Señor su Dios.
Habitarán tranquilos porque se mostrará grande
hasta los confines de la tierra,
y ésta será nuestra paz.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 5-10

Hermanos:
Cuando Cristo entró en el mundo dijo:
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
pero me has preparado un cuerpo;
no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias.
Entonces yo dije lo que está escrito en el libro:
«Aquí estoy, oh Dios,
para hacer tu voluntad».
Primero dice: No quieres ni aceptas
sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias,
–que se ofrecen según la ley–.
Después añade: Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.
Niega lo primero, para afirmar lo segundo.
Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados
por la oblación del cuerpo de Jesucristo,
hecha una vez para siempre.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1, 39-45

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías, y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo, y dijo a voz en grito:
–¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
¡Dichosa tú, que has creído! porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

LECTURAS DEL DOMINGO


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