Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Dichosa tú, que has creído porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá"
13-08-2021
"Dichosa tú, que has creído porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá"

Este domingo se superpone o se une con la gran fiesta de la Asunción de la Virgen María. Recordamos, pues, la culminación de la vida de María, su resurrección completa, que también es significativa para nosotros. Su asunción al cielo, al ámbito de Dios donde todo ya es eterno y seguro, nos anuncia y recuerda que estamos en el mismo camino de plenitud y transformación que terminará, si somos fieles, donde ella, con ella. Hoy María es el signo (primera lectura) que, desde el cielo, nos hace ver el sentido y la vocación de ser iglesia que compartimos con ella y gracias a ella. Como María es nuestra misión “dar a luz” a Cristo, esto es, hacerle presente en la carne, en nuestra carne, en nuestra vida, justo como María, salvando todas las distancias, pues lo que ella hizo no se puede repetir pero si que nos inspira y nos recuerda que los trabajos y esfuerzos de la fe nunca se ven defraudados. Como a la Mujer, el fruto de la fe en nuestra vida siempre tiene valor y sentido, está salvado junto a Dios, es ya eternidad o para siempre, no se olvida, no se corrompe. Todos esos gestos de entrega, pequeños, ordinarios, auténticos construyen y significan el reino de Dios, esa presencia y ese dominio divinos para el bien que están con nosotros desde Jesucristo.

El Evangelio nos relataba el encuentro entre dos mujeres creyentes, María e Isabel que confiesan y nos anuncian la experiencia de Dios que acumulan. Ellas son las madres de la salvación, del precursor y del Mesías, pero sobre todo son dos personas que han sido consecuentes con su fe que las ha hecho capaces de percibir y aceptar la actuación de Dios a través de ellas. Así, por ellas, se va haciendo realidad, a su debido ritmo, la salvación y se afianza la presencia de Dios. Ellas cantan que Dios nunca defrauda, que no solo cumple sino que no ceja hasta hacerlas realidad, carne de nuestra carne y vida de nuestra vida. El texto acaba con el himno del Magnificat, que es la proclamación que María hace del Evangelio, de esa Buena Nueva que ha mirado y tomado en cuenta su humildad y que también quiere hacerse cargo de la nuestra. María es modelo y más, tipo, del creyente, de la iglesia que se convierte en santuario de esta acción divina que la experimenta, protege y extiende a todos los que se sientan llamados o necesitados.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Apocalipsis      11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de su alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas.
Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra.
El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera.
Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios.
Se oyó una gran voz en el cielo:
–«Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo.»

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios    15, 20-27a

Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida.
Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas      1, 39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
–« ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo:
–«Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
 porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

LECTURAS DEL DOMINGO