Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante"
30-04-2021
"Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante"

En estos domingos de Pascua contemplamos y reflexionamos cómo la realidad de Jesús vivo, resucitado, rescribe las principales dimensiones de la vida de fe. El domingo pasado Jesús se presentaba como el Pastor, esto esto, la cabeza viva de la iglesia quien no solo preside en el amor sino que también cuida, guía y protege a los suyos, sostiene la vida de todos y nos conduce para alcanzar juntos la plenitud. El evangelio de hoy describe las nuevas relaciones entre la Cabeza y el cuerpo, entre el Pastor y las ovejas, entre el maestro y los discípulos. Se usa la imagen bíblica del pueblo de Dios como viña del Señor (cfr. Is 5,1-7), ya presente en los profetas y que Jesús también usóde modo dramático en su predicación (parábola de los viñadores homicidas). Después que esta profecía se hiciese triste pero gozosa realidad también, Jesús, vivo otra vez, la retoma para explicar cómo es el nuevo pueblo de Dios. Se trata de la nueva alianza, fundada sobre una humanidad nueva, que es la del Hijo de Dios. Es, en realidad, la nueva creación que ha comenzado por donde terminó la primera, por el hombre. Jesús es ahora la viña que sustituye al viejo pueblo de Dios que acabó rechazando a su Señor. Dios lo ha plantado y hay una sintonía perfecta entre Él y su cuidador. No se trata de algo artificial, fingido o decretado: la naturaleza humana de Jesús tuvo que pasar por la pasión y la muerte de cruz para ser este hombre nuevo, en una decisión absolutamente libre y absolutamente costosa. Solo por ser hombres y por creer en Él, los cristianos, nuevo pueblo de Dios, somos sarmientos de la verdadera vid que es Él. Gracias a esta conexión vital podemos dar fruto – y en caso contrario ya sabemos lo que toca– pues este es el tiempo final y se han manifestado tanto la luz como las tinieblas y todos nos tenemos que definir: o dar frutos de vida con Cristo o desperdiciarnos y perecer. No estamos solos, formamos parte de la humanidad que tiene futuro –y un futuro eterno– y Cristo nos ayuda en toda ocasión y toda circunstancia con tal que permanezcamos en la Palabra recibida y en la presencia experimentada porque su vida corre por nuestras venas. Es una relación libre, recíproca. No hay aquí más dominio que el de “ser”: Jesús es el Hijo por naturaleza, nosotros por adopción pero formando parte de la misma realidad: el mundo nuevo, la vida nueva que ya disfrutamos especialmente a través de la oración, la celebración, la fraternidad verdadera.

» Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 9, 26-31

En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de jun­tarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo. Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles.
Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públi­camente el nombre de Jesús.
Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusa­lén, predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propu­sieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesa­rea y lo enviaron a Tarso.
La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 18-24

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de ver­dad y con obras.
En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquiliza­remos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo.
Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibimos de él, por­que guardamos sus mandamientos y hacernos lo que le agrada.
Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.
Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por Espíritu que nos dio.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.
A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he habla­do; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no perma­nece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mi no podéis hacer nada.
Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sar­miento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y ar­den.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en voso­tros, pediréis lo que deseéis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abun­dante; así seréis discípulos míos.»

LECTURAS DEL DOMINGO