Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"No enseñaba como los escribas, sino con autoridad"
29-01-2021
"No enseñaba como los escribas, sino con autoridad"

Dicen que Marcos es el evangelio más antiguo, el que inventó el género y también es el más breve. No tiene tiempo ni espacio que perder así que ya en el relato de hoy cuenta como comienza Jesús a convertir en realidad sus palabras, su anuncio inicial. Según Marcos, Jesús no empieza su misión predicando por las calles o en las plazas sino en las sinagogas, como un piadoso judío más. Allí puede hablar y enseñar, como cualquier judío mayor de edad podía hacer: tras la lectura del texto bíblico (probablemente ya en arameo en estos tiempos), con toda naturalidad, se dirigía a todos los presentes para comentar el texto proclamado, haciendo sus propias puntualizaciones. Marcos afirma enseguida que los que lo escuchaban “se quedaron asombrados de su doctrina” y da la razón: “porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad”. La afirmación se refiere a lo que Jesús afirmaba en sí mismo pero también a la fuerza que tenía, esto es, a que se cumplía, a que se hacía realidad ante los ojos de quienes escuchaban. Jesús enseñaba, pues, sin apoyarse en más autoridad que la suya propia, sin aludir directa (ni indirectamente sin citar como se suele hacer hoy) a ningún otro “enseñante”, sabio o escriba. Estos, ayer como hoy, aprendían y se citaban unos a otros. Jesús crea su propia enseñanza que se basa exclusivamente sobre su propia persona, su propia comprensión de la tradición y la alianza, como nos irá mostrando el Evangelio. Igual que nosotros, siempre se ha distinguido entre ‘poder’, que una capacidad de actuar delegada o conseguida y la ‘autoridad’ que es esto mismo pero surgiendo de la propia persona. Y ya lo hemos visto cuando Jesús ha “llamado” a sus discípulos y estos, efectivamente, le han seguido no solo porque lo conocieran de antes sino por la autoridad que han percibido en su vida y sus palabras, en el proyecto de vida y futuro que significaban, que significan. Y esto también aparece aquí, en esta sinagoga, cómo lo que Jesús enseña tiene consecuencias reales sobre las vidas concretas, sobre quienes escuchan y se dejan afectar.

Estos pueden ver cómo, de verdad, la situación es otra y Dios, efectivamente, se ocupa de sus hijos, realiza las cláusulas de una nueva alianza que se va perfilando en estas palabras y estas acciones. La palabra de Jesús provoca la manifestación de un “espíritu inmundo”, presente en un hombre, un enfermo. Podemos decir que la misma enfermedad, el mal, se pone a hablar para reconocer esta autoridad de quien está enseñando, para confesar que ante él está el mismo enviado, “santo”, de Dios. Y Jesús le responde liberando, curando al hombre al que poseía y esclavizaba. La noticia se difunde, se extiende, como no podía ser menos y aunque Jesús no valora mucho esta ayuda, quizá porque sabía que no serviría de mucho, tampoco lo puede negar ni evitar. El Evangelio ha comenzado.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 18, 15–20

Moisés habló al pueblo, diciendo:
– «Un profeta, de entre los tuyos, de entre tus hermanos, como yo, te suscitará el Señor, tu Dios. A él lo escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea: "No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios5 ni quiero ver más ese terrible incendio; no quiero morir."
El Señor me respondió: "Tienen razón; suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande. A quien no escuche las pa­labras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranje­ros, ese profeta morirá."»

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 32-35

Hermanos:
Quiero que os ahorréis preocupaciones: el soltero se preo­cupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; en cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo, bus­cando contentar a su mujer, y anda dividido.
Lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma; en cambio, la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido.
Os digo todo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 21-28

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafar­naún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.
Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:
– «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»
Jesús lo increpó:
– «Cállate y sal de él.»
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos:
– «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.»
Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzan­do la comarca entera de Galilea.