Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Lleno de gracia y de verdad"
01-01-2021
"Lleno de gracia y de verdad"

La Navidad, la  gran fiesta de la Encarnación es la raíz y el fundamento de la fe que nos anima, sostiene y la celebramos especialmente estos días aunque está en la base de toda celebración y vivencia cristiana. Realmente es nuestra fiesta más entrañable, dicho sea incluso en el sentido más literal: la Palabra y Sabiduría divina se hace carne nuestra, vida nuestra. Y aunque este año, tan extraño, no hemos podido conmemorarla como se merece, debido a la falta de cercanía física y hasta emocional estos días, sabemos que no hay mejor modo de celebrar la Navidad que acercándonos unos a otros y experimentando lo que nos ha acercado unos a otros. La primera celebración es, pues, emocional, sentimental, velando en oración, cantando villancicos, adorando la figura del Niño recién nacido. Hoy disfrutamos un segundo momento, el segundo domingo de Navidad, que da pie a una celebración más reflexiva, racional.

Porque la fe cristiana es antes que nada asombro y maravilla ante la acción divina, inesperada e inmerecida, pero también esta celebración y adoración se va transformando en contemplación, reflexión y caer en la cuenta de sus consecuencias prácticas. Indudablemente la catolicidad nació y fue creciendo en torno a este hecho capital pero es que el mismo hecho, que la Palabra divina se encarne, se convierta en manifestación principal y única mediación para el encuentro con Dios, da para mucho pensar así como para mucho vivir. Dios se manifiesta y se expresa a sí mismo de modo racional, explicándose, dialogando con nosotros en Jesucristo. Y así como la gran Sabiduría se manifestó en la creación y “acampó” en medio del pueblo elegido (primera lectura), revelándose como conocimiento y luz, en la plenitud de los  tiempos se manifestó abiertamente como Unigénito de Dios (Evangelio), luz, vida, gracia, fuerza y origen de la creación y de cuanto existe. Pero la máxima revelación, la explicación y el sentido de la vida humana y del universo precisa, como siempre, la acogida libre de sus criaturas, de los hombres, pues Dios busca hijos, amigos, no siervos ni esclavos que no se atrevan a pensar ni a moverse por sí mismos (esto al contrario que la mayoría de proyectos de salvación humanos). Hoy sigue dándonos explicaciones, dando valor a nuestras intenciones y obras, ofreciendo y haciendo sentir, de verdad, en la vida y realidad, su amistad. Nuestra fe no se origina en la razón  –es un regalo de Dios– pero un regalo razonable. El Logos está entre nosotros y no renuncia al diálogo, al uso de la razón (ahora menos que nunca) pero tampoco renuncia a ser la Verdad.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Eclesiástico (24,1-2.8-12):

La sabiduría hace su propia alabanza,
encuentra su honor en Dios
y se gloría en medio de su pueblo.
En la asamblea del Altísimo abre su boca
y se gloría ante el Poderoso.
«El Creador del universo me dio una orden,
el que me había creado estableció mi morada
y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob,
y fija tu heredad en Israel”.
Desde el principio, antes de los siglos, me creó,
y nunca más dejaré de existir.
Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él,
y así me establecí en Sión.
En la ciudad amada encontré descanso,
y en Jerusalén reside mi poder.
Arraigué en un pueblo glorioso,
en la porción del Señor, en su heredad».

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,3-6.15-18):

Bendito sea el Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en Cristo
con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.
Él nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo
para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.
Él nos ha destinado por medio de Jesucristo,
según el beneplácito de su voluntad,
a ser sus hijos,
para alabanza de la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.
Por eso, habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.

» Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,1-18):

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.
Él estaba en el principio junto a Dios.
Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne,
ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

LECTURAS DEL DOMINGO