Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Testigo de la luz"
11-12-2020
"Testigo de la luz"

El tercer domingo del Adviento profundizamos en lo que significa esperar y recibir la salvación de Dios en nuestra vida, de verdad. Porque la llegada de Dios no es una idea ni una fantasía ni un estado mental sino un encuentro real para cada uno y para todos, como familia, comunidad, sociedad. El Salvador no es un filósofo ni un predicador de dudosas esperanzas sino alguien que ofrece un cambio real basado en la presencia y la acción del mismo Dios (primera lectura). El profeta Isaías anuncia esta acción e intervención divinas en la vida del pueblo: es una buena noticia efectiva que se realiza en la liberación y la gracia que desciende sobre cada uno de los que viven la Alianza. El mismo Dios se compromete con la vida de todos los que creen y le acogen. Estos hacen una experiencia única de gozo y alegría verdaderos (segnda lectura) que no se basa en circunstancias ni en nada externo; tampoco es una especie de paraíso interior logrado a base de técnicas o drogas. Se trata de algo muy diferente, una situación causada directamente por la relación personal con Dios. Es su amistad, la confirmación de su amor, predilección y gracia que abre la propia persona a una trascendencia muy real y muy cercana. No se trata de un “estado de la mente” ni nada parecido porque hasta se llega por el camino que señala el Evangelio: creyendo al profeta, al precursor que nos dice que es precisamente ahora el cambio de vida y de situación. Dios se ha acercado a nuestra propia carne en aquel que aún no conocemos pero que aparece inmediatamente después de la conversión que pide el Bautista y que en este Evangelio se caracteriza por el conocimiento propio que ya demuestra el profeta Juan. El sabe que no es el Mesías ni el Profeta que tenía que venir, que solo es una voz pero una voz reconocida y enviada que es capaz de hacer suya la antigua Palabra de Dios y conocer que se está cumpliendo en esos momentos y circunstancias.

Lo mejor de la vida no es llegar a ser lo que cada uno pretenda sino llegar a poseerse uno plenamente, esto es, a reconocerse ligado a Dios, como Creador, y a los demás, como hermanos y hermanas. Porque El que viene completará este conocimiento propio y conversión hacia quienes realmente somos con el gran regalo de la amistad y confianza divina. Dios sellará con cada uno la alianza. Es Jesús quien sí es digno de “desatar la sandalia”, el que debe hacerlo, la persona más cercana que tiene la obligación, él es quien tiene que tomar nuestra vida y unirla a la suya. Es el amor mismo de Dios, el Esposo, quien cambia y hace nuevo todo, hace posible la verdadera alegría, que "es el gigantesco secreto del cristiano", como escribió Chesteston al final de su libro Ortodoxia: Jesús, quien no ocultó ni sus lágrimas, ni su cólera, sí ocultó a los demás con un silencio brusco o una gran soledad impetuosa "algo que era demasiado grande para que Dios lo mostrara mientras estuvo en la Tierra: a veces sospecho que era su alegría"

» Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 61, 1-2a. 10-11

El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque el Señor me ha ungido.
Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren,
para vendar los corazones desgarrados,
para proclamar la amnistía a los cautivos,
y a los prisioneros la libertad,
para proclamar el año de gracia del Señor.
Desbordo de gozo con el Señor,
y me alegro con mi Dios:
porque me ha vestido un traje de gala
y me ha envuelto en un manto de triunfo,
como novio que se pone la corona,
o novia que se adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes,
como un jardín hace brotar sus semillas,
así el Señor hará brotar la justicia
y los himnos ante todos los pueblos.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5, 16-24

Hermanos:
Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús res­pecto de vosotros.
No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno.
Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.
El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 6-8. 19-28

Surgió un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan:
éste venía como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que por él todos vinieran a la fe.
No era él la luz,
sino testigo de la luz.
Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran:
– «¿Tú quién eres?»
Él confesó sin reservas:
– «Yo no soy el Mesías.»
Le preguntaron:
– «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?»
El dijo:
– «No lo soy.»
– «¿Eres tú el Profeta?»
Respondió:
– «No.»
Y le dijeron:
– «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?»
Él contestó:
– «Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor", como dijo el profeta Isaías.»
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron:
– «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»
Juan les respondió:
– «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.»
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

LECTURAS DEL DOMINGO