Cuaresma con San Juan de la Cruz: entrar en la noche para nacer a la luz

23 Feb 2026 | Aventuremos la Vida

La Cuaresma es un tiempo de desierto, de silencio y de verdad. La Iglesia nos invita cada año a caminar hacia la Pascua atravesando la purificación del corazón. Y en este itinerario, San Juan de la Cruz se convierte en un compañero privilegiado. Su experiencia de la “noche” no es ajena al camino cuaresmal: al contrario, lo ilumina desde dentro.

Para San Juan, la noche no es un castigo ni una ausencia sin sentido. Es el modo con que Dios purifica el amor. La Cuaresma, vivida a la luz de su enseñanza, deja de ser simplemente un tiempo de prácticas externas para convertirse en una transformación interior. No se trata solo de “hacer sacrificios”, sino de permitir que Dios ordene nuestros deseos, sane nuestros apegos y ensanche nuestro corazón.

La “noche del sentido”, de la que habla en su obra, se parece mucho a lo que la Cuaresma propone en sus primeros pasos: aprender a no vivir dominados por el gusto inmediato. El ayuno, la sobriedad, la renuncia a ciertos apoyos no buscan empobrecernos, sino liberarnos. San Juan insiste en que el alma no puede llenarse de Dios si está llena de otras cosas. La Cuaresma nos educa precisamente en esta libertad: soltar para recibir, vaciar para ser colmados.

Pero la enseñanza sanjuanista va más hondo. Existe también una “noche del espíritu”, más oscura y exigente, en la que no solo se purifican los gustos sensibles, sino la misma imagen que tenemos de Dios. A veces, en el camino espiritual, desaparecen los consuelos, la claridad, la seguridad interior. Todo parece más árido. San Juan nos ayuda a comprender que esa sequedad puede ser un paso hacia una fe más pura. En Cuaresma aprendemos a creer sin ver, a amar sin sentir, a perseverar sin apoyos.

El itinerario cuaresmal es, en el fondo, un camino pascual. La noche no es el final, sino el tránsito. San Juan lo expresa con fuerza en sus poemas: la noche es dichosa porque conduce al encuentro. Solo quien se atreve a salir “a oscuras y segura” descubre que la verdadera luz no viene de fuera, sino que arde en el corazón. La Pascua no suprime la noche: la transforma.

Vivir la Cuaresma con San Juan de la Cruz significa aceptar que Dios trabaja en nosotros incluso cuando no lo percibimos. Significa no huir de la pobreza interior, ni de las dudas, ni de las pruebas. Significa confiar en que el fuego que purifica no destruye, sino que convierte el corazón en llama de amor viva.

En un tiempo marcado por la prisa y la búsqueda constante de estímulos, la propuesta sanjuanista resulta sorprendentemente actual. La Cuaresma nos invita a simplificar, a entrar en silencio, a renunciar a lo superfluo. San Juan nos recuerda que esta simplificación no es negatividad, sino apertura a lo esencial. El “nada” del que tanto habla no es vacío estéril, sino espacio para el Todo.

Caminar hacia la Pascua con San Juan de la Cruz es aprender que la cruz no es derrota, sino paso. Que el desierto no es abandono, sino preparación. Que la noche no es ausencia de Dios, sino su modo más delicado de acercarse.

Aventuremos la vida en esta Cuaresma dejándonos conducir por esta pedagogía de la purificación y del amor. Entremos con valentía en la noche, sabiendo que, más allá de toda oscuridad, nos espera la aurora de la Resurrección.