“San Juan de la Cruz sigue teniendo mucho que decir al hombre de hoy”

18 Mar 2026 | Actualidad

Con motivo de la reciente publicación del libro Juan de la Cruz: rostro humano del misterio, del carmelita descalzo Emilio J. Martínez y editado por el Grupo Fonte, retomamos esta obra para profundizar en su propuesta y en la actualidad del mensaje sanjuanista.

El libro ofrece una mirada cercana y accesible a la figura de san Juan de la Cruz, destacando su dimensión más humana como lugar donde se revela el misterio de Dios. Una invitación a redescubrir su experiencia espiritual desde la vida concreta y el contexto de hoy.

Conversamos con su autor para adentrarnos en las claves de esta obra y en la vigencia de uno de los grandes maestros de la espiritualidad cristiana.

¿Qué le llevó a escribir este libro sobre san Juan de la Cruz desde una perspectiva tan centrada en su “rostro humano”?

San Juan de la Cruz ha sido muchas veces presentado como un autor difícil, casi inaccesible, reservado a especialistas o a quienes recorren caminos muy avanzados de la vida espiritual. Sin embargo, detrás de su obra hay una persona concreta, con una historia, con relaciones, con sufrimientos y también con una profunda humanidad. Mi intención ha sido precisamente acercar ese rostro humano, mostrar que el místico no es alguien alejado de la realidad, sino alguien que ha vivido intensamente la vida y que, desde ahí, ha descubierto el misterio de Dios.

El título une dos dimensiones: “rostro humano” y “misterio”. ¿Cómo se integran ambas en la figura de san Juan de la Cruz?

No son dos realidades opuestas, sino profundamente unidas. El misterio de Dios no se revela al margen de lo humano, sino en lo humano. En san Juan de la Cruz vemos cómo la experiencia de Dios pasa por la vida concreta: la amistad, la incomprensión, la noche, la búsqueda. Su humanidad no es un obstáculo, sino el lugar donde Dios se manifiesta. Por eso, cuanto más auténticamente humano es, más transparente resulta al misterio.

¿Qué cree que sigue sorprendiendo hoy de san Juan de la Cruz a los lectores contemporáneos?

Sorprende su radicalidad y, al mismo tiempo, su delicadeza. Es un autor que no rebaja el Evangelio, que invita a un camino exigente, pero lo hace desde una gran ternura espiritual. También sorprende su capacidad de hablar del amor con una profundidad que sigue siendo actual. En una sociedad que busca sentido, sus textos siguen tocando algo muy hondo del corazón humano.

Muchas personas perciben a san Juan de la Cruz como un autor difícil. ¿Cómo puede este libro ayudar a superar esa barrera?

He intentado ofrecer claves de lectura sencillas, situar sus textos en su contexto vital y explicar sus intuiciones desde un lenguaje más cercano. Cuando uno comprende que san Juan habla de experiencias profundamente humanas —la oscuridad, el deseo, la búsqueda— deja de parecer lejano. Entonces sus escritos se vuelven luminosos y cercanos.

En el libro, ¿qué aspectos de la vida de san Juan de la Cruz considera más decisivos para entender su espiritualidad?

Sin duda, su experiencia de la noche, especialmente el tiempo de prisión en Toledo. Ahí se da una síntesis muy profunda entre sufrimiento humano y experiencia de Dios. Pero también su relación con santa Teresa, su vida comunitaria, su servicio en medio de tensiones… Todo eso configura su mirada espiritual. No es una espiritualidad abstracta, sino nacida de la vida.

¿Qué papel juega la “noche” en la vida espiritual según san Juan de la Cruz?

La noche no es simplemente oscuridad o ausencia, sino un camino de purificación y de transformación. Es el proceso por el cual la persona va dejando sus seguridades para abrirse a una relación más profunda con Dios. En ese sentido, la noche no es el final, sino el paso necesario hacia una luz más plena.

¿Cómo puede la espiritualidad de san Juan de la Cruz iluminar la vida de las personas hoy?

Vivimos en una cultura que a menudo evita el sufrimiento y la incertidumbre. San Juan nos enseña que precisamente ahí, en esos momentos, puede darse un crecimiento profundo. Nos ayuda a no tener miedo de los procesos interiores, a comprender que la vida tiene una dimensión de misterio que no siempre se controla, pero que puede ser profundamente fecunda.

¿Qué relación ve entre la experiencia mística y la vida cotidiana?

La mística no es algo extraordinario reservado a unos pocos. Es, en el fondo, la plenitud de la vida cristiana. San Juan de la Cruz muestra que la unión con Dios se vive en lo cotidiano: en el amor concreto, en la fidelidad, en el silencio, en la entrega. No es evasión del mundo, sino una forma más profunda de habitarlo.

¿Qué puede aportar hoy la tradición carmelitana a la Iglesia y a la sociedad?

La tradición carmelitana ofrece una escuela de interioridad, de escucha y de búsqueda de Dios en lo esencial. En un mundo lleno de ruido, recuerda la importancia del silencio; en un mundo disperso, invita a la unidad interior; en un mundo superficial, propone profundidad. Es una aportación muy necesaria hoy.

A lo largo de su trabajo, ¿ha cambiado su propia comprensión de san Juan de la Cruz?

Sí, sin duda. Cuanto más se le estudia, más se descubre su riqueza. Pero sobre todo, más se percibe su cercanía. No es solo un gran autor, sino un compañero de camino. Su palabra no es solo para ser entendida, sino para ser vivida.

¿Qué le gustaría que el lector se llevara al cerrar este libro?

Me gustaría que descubriera que san Juan de la Cruz no es un autor lejano, sino alguien que puede acompañar su vida. Que se anime a leerlo sin miedo y que encuentre en él una luz para su propio camino interior.

Si tuviera que resumir en una idea el corazón de este libro, ¿cuál sería?

Que el misterio de Dios se revela en lo humano. Y que, al mirar con verdad nuestra propia vida, podemos descubrir que estamos llamados a una profundidad mucho mayor de la que imaginamos.