La Navidad es una fiesta para todas las familias. Es el momento del año donde todos se reúnen para compartir la mesa y la alegría porque Dios nace. Nace de nuevo y nace para que haya vida, unión, amor entre todos los que forman una familia. Lo mismo pasa en la familia que funda Santa Teresa. Además ella misma invita a sus hijas a celebrarlo con toda la ilusión y comienzan a correr de convento en convento villancicos compuestos por la Madre Teresa y sus hijas. Los copian, los intercambian y los cantan para celebrar que Dios ha nacido en Ávila, Segovia, Sevilla, Malagón,… y con el paso del tiempo por toda la geografía española según se van fundando más conventos carmelitanos. Hay que pensar en las monjas cantando con panderos y castañuelas letrillas como esta misma que escribe Santa Teresa:
“¡Ah, pastores que veláis,
por guardar vuestro rebaño,
mirad que os nace un Cordero,
Hijo de Dios soberano!”.
Y no sólo por parte de las monjas, también los frailes aunque menos, escriben cantos para la Navidad. Ahí tenemos que recordar de modo especial a San Juan de la Cruz que compone los Romances de la Encarnación. Son 9 romances en los que repasa toda la historia de la salvación para terminar contemplando la escena del Nacimiento:
“Y la Madre estaba en pasmo
de que tal trueque veía:
el llanto del hombre en Dios,
y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro
tan ajeno ser solía”.
No se queda en esos años lejanos del siglo XVI, sino que se transmite esa vida íntima familiar y llega hasta Santa Teresita, que una noche de Navidad, para alegrar a sus hermanas, escribe un largo poema conocido como La Pajarera del Niño Jesús. Ahí van algunas estrofas:
“¡Dulce Jesús, nuestro pequeño hermano!,
Tú abandonaste el cielo por nosotros;
mas tú lo sabes bien, nuestro Carmelo
es, divino Jesús, tu jaula de oro.
Jesús, los bosquecillos de este mundo
no pueden a tus siervos contentar;
en la profunda soledad del claustro
cantar sólo a tu gloria es nuestro afán.
A semejanza de él (pajarillo), en nuestra pajarera,
todo lo recibimos de tu mano;
pues la única cosa necesaria
es amarte, Niñito, nuestro hermano
Por eso aquí cantamos tu alabanza
en unión con los ángeles del cielo,
esos puros espíritus, que aman
a estos pajarillos del Carmelo”.
Llegamos al siglo XX y nos encontramos con más sorpresas. El Beato Eufrasio del Niño Jesús, asesinado por odio a la fe el 12 de octubre de 1934 en Oviedo, es un auténtico maestro en el arte de la poesía. Entre sus numerosos y enjundiosos poemas no encontramos ninguno dedicado a la Navidad. Sólo contamos con una letrilla que utiliza como final para una presentación sin par de lo que es y debe ser la verdadera Navidad vivida en familia al mismo tiempo que defiende con ardor el modelo de familia tradicional, fundamento de la vida de la Iglesia:
“Corramos pastores
corred a adorar
al Rey de los cielos
que ha nacido ya…
que ha nacido ya.
Venid y digamos
con mucho fervor:
Santo, Santo, Santo Dios”.
Y en nuestros días la tradición sigue viva. Cuando visitamos a las carmelitas en estas fechas siempre se suele terminar con algún villancico que ha compuesto una hermana o se saca el papel manuscrito de algún canto que hace años escribió alguna religiosa que ya celebra la Navidad con el Niño. La esperanza y alegría no falta, todo es gozo porque ha nacido un Niño, ha nacido Dios, ha nacido el Salvador:
¡Venid todos y cantad,
vamos todos a entonar;
a rezar y a esperar
una nueva Navidad!
¡FELIZ Y SANTA NAVIDAD!
P. Rafael Pascual Elías, ocd


