En este día de la Resurrección del Señor, quiero hacer llegar mi felicitación más sincera a toda la familia del Carmelo Descalzo.
La Pascua nos sitúa en el corazón de nuestra fe: Cristo vive. Y desde ahí todo cobra sentido, también nuestra vida, nuestra vocación y nuestra misión.A vosotros, hermanos religiosos de la Provincia, llamados a unir contemplación y trabajo apostólico en el espíritu de Santa Teresa, os invito a vivir esta Pascua como renovación de esa entrega cotidiana que, desde la oración, se abre al servicio de la Iglesia.
A las madres Carmelitas Descalzas, que sostenéis con vuestra vida escondida el latido más profundo del Carmelo, gracias por ser presencia silenciosa que custodia el misterio y hace posible el descanso en Dios.
A los miembros del Carmelo Seglar, a quienes compartís este camino desde la vida cotidiana, llevando el Evangelio a tantos ambientes, mi cercanía y gratitud.
Y a todas las realidades de la Provincia que hacéis visible el carisma en medio del mundo, gracias por mantener viva esta familia que Teresa soñó y que hoy sigue creciendo.
En este año en el que celebramos los centenarios sanjuanistas —los 300 años de la canonización y los 100 años del doctorado de San Juan de la Cruz—, la Pascua resuena con una luz especial. Él nos recuerda que la noche no es el final, que todo camino de cruz está habitado por la presencia de Dios y abierto a la vida nueva.
Que esta Pascua nos renueve por dentro, nos haga más hermanos y nos impulse a seguir caminando con esperanza.
¡Feliz Pascua de Resurrección!


