El pasado fin de semana las Hermanas Carmelitas Misioneras ponían fin a su presencia en el Desierto de las Palmas tras 43 años en la Casa de Oración. Compartimos el texto que prepararon para la Eucaristía de Acción de gracias:
El libro del Eclesiastés nos dice que “todas las cosas bajo el sol tienen su tiempo y sazón” (3,1). También a nosotras las Carmelitas Misioneras que hace 43 años plantamos la tienda en este lugar idílico del Desierto de las Palmas de Benicàssim nos ha llegado el tiempo y sazón: levantar la tienda, y soltar amarras.
Con esta Eucaristía queremos dar gracias a Dios por los 43 años de nuestra presencia en esta Casa de Oración. Fue el 8/5/1980 a las 7,30 h cuando llegaban las hermanas que formarían la primera comunidad. Y será el 7/11/2023 cuando nuestra presencia en este lugar y en esta misión haya llegado a su sazón.
Dicen las crónicas que la alegría, el entusiasmó de las Hermanas al poner los pies en este lugar fue desbordante. Gozo de quien entra en una casa tan bonita dedicada exclusivamente a Casa de oración.
El 16/8/80 la hoja Parroquial de Seg0rbe Castellón recogía el evento: “En el bellísimo y místico paraje del Desierto de las Palmas muy cerca del Convento de los Padres Carmelitas Descalzos ha nacido una Casa de Oración con un fin concreto”.
Hacemos memoria: El motivo de la fundación fue el de potenciar la dimensión contemplativa de nuestro Carisma de Carmelitas Misioneras en la Iglesia. Iniciativa de la Provincia de Cataluña y aceptación de nuestros hermanos Carmelitas Descalzos de la Provincia de Aragón-Valencia a los cuales agradecemos el que nos cedieran el terreno para la construcción. Estaba de Provincial el P. Ángel María Plaza.
La Congregación ha estado y está muy vinculada con la orden de los Padres Carmelitas Descalzos. La experiencia carismática de nuestro fundador el carmelita Beato Francisco Palau hunde sus raíces en la riqueza espiritual del Carmelo Teresiano y la despliega dándole el matiz de una dimensión eclesial de comunión: Dios y los prójimos.
El amor a Dios trae el alma al Desierto, a la soledad y al silencio. El amor a los prójimos, trae el alma de la soledad y la vuelve al mundo para salvar al mundo. De ahí nuestro bello título de Carmelitas y misioneras.
Ya desde el inicio la Casa de Oración reclamaba un clima de silencio total y de soledad, actitud de escucha y apertura al Espíritu. Se dejaba también claro que la Casa no era un lugar para descansar, ni se identificaba con una Casa de Ejercicios y sí, era un espacio donde una comunidad acoge, y ofrece compartir la liturgia, la oración, el silencio y la soledad; también se ofrece orientación en la oración y acompañamiento espiritual. Todo esto se ha mantenido cuidadosamente a lo largo de estos años.
La misión se ha ido adaptando a los signos de los tiempos acogiendo y discerniendo las respuestas que se habrían de dar a las preguntas que la sociedad y el mundo, en continuo cambio, nos iba lanzando y desafiando. Tal como la urgencia creciente de cultivar la espiritualidad, entendida como vivir en profundidad. Es decir vivir la existencia humana en todas las dimensiones, desde luego la interioridad, pero no sólo, sino también la relación con las personas, con la realidad y con un más allá de nosotros mismos. De ahí que lo que en un principio se pensó sólo para las hermanas de la congregación, ha acabado recibiendo a toda persona que busca un sentido en su vida, a toda persona que intenta conectarse consigo misma para conocerse, educarse a la escucha, descubrir la dignidad de toda persona… por ser imagen de Dios. Con las posibilidades que nos dan las nuevas tecnologías seguimos acompañando a personas y grupos haciendo una relectura de la espiritualidad de los místicos del Carmelo. Porque místico es toda persona que tiene experiencia de Dios.
La comunidad desde los comienzos y en la medida de sus posibilidades ha trabajado en el campo de la salud, de la educación, en la Iglesia diocesana y en obras de voluntariado.
Resta agradecer a tantos cientos de personas que han pasado por esta Casa de Oración y a tantas otras con las cuales hemos entablado hondas relaciones de amistad.
Y si en los comienzos las hermanas expresaban el gozo de algo nuevo que se iniciaba a las que ahora nos toca cerrar experimentamos otro tipo de gozo: “de más adentro gozar, porque es de más adentro saber”, gozo-agradecido por la posibilidad que se nos ha dado desde el contacto con la naturaleza en este “desierto”, desde el contacto con nuestros hermanos carmelitas, de las enseñanzas recibidas de tantas personas con las que hemos conectado y también el gozo esperanzado de que el Carmelo teresiano de la Provincia Ibérica dará continuidad a la Obra.
Comunidad Carmelitas Misioneras Desierto de las Palmas






