La Iglesia de las Madres Carmelitas Descalzas de Duruelo ha acogido la eucaristía de celebración por los 455 años del inicio de la Reforma del Carmelo Descalzo masculino. Como recuerda Santa Teresa de Jesús, “primero o segundo domingo de adviento de este año de 1568 (…) se dijo la primera misa en aquel portalito de Belén, que no me parece era mejor” (Fundaciones, 14,6)
La Eucaristía ha estado presidida por el P. Miguel Ángel González González, consejero provincial, en representación de nuestro P. Provincial, Francisco S. Oreja, que está realizando la visita pastoral al Vicariato Regional de América.
Junto con el P. Miguel Ángel han asistido un grupo de carmelitas descalzos de las comunidades cercanas. Tras la celebración han tenido un encuentro fraterno con las Madres Carmelitas para celebrar esta importante efeméride.
¡Feliz aniversario!
Homilía del P. Miguel Ángel González, consejero provincial:
28 de noviembre del año 1568, era primer domingo de Adviento, nació el Carmelo Descalzo masculino como un pequeño grano de mostaza que, se convirtió en un árbol gigantesco que todavía perdura: la orden de los carmelitas descalzos, la “Reforma” del Carmen iniciada por la santa M. Teresa de Jesús. Hacemos hoy memoria emocionada del lugar, de la institución, de los autores de aquella epopeya espiritual, y de la Santa Madre fundadora Teresa de Jesús, que había iniciado la reforma de la orden en femenino el 24 de agosto del año 1562 en el convento de San José en Ávila.
Duruelo es hoy un lugar perdido en la meseta castellana, como lo era entonces, pero para los hijos e hijas de Teresa suscita un recuerdo entrañable. Es Duruelo, quizá, el único lugar de los lugares de nuestros santos padres, que se conserva en lo exterior como en su inicio. La madre Teresa, historiadora fiel, dibujante genial en breves trazos, lo describió como “un lugarcillo”, “aquella soledad”, “portalito de Belén”, “aquella casita” (Fundaciones, 13 y 14).
La Madre Teresa no era solo una genial escritora, sino también arquitecta, y pronto transformó la destartalada “casita” en un convento de frailes. El portal o zaguán, lo convirtió en iglesia; el desván en coro; y en “los dos rincones, hacia la iglesia, adonde no podían estar sino echados o sentados, dos celdas conventuales.
Este fue el nacimiento de la Reforma del Carmen, hoy es Duruelo. Aquí y así nació la Reforma de los frailes carmelitas descalzos. Fueron los orígenes; con el tiempo, se fueron fundando conventos espaciosos con sus iglesias de culto, con sus noviciados y colegios de estudios, dentro de la pobreza de una orden reformada.
Aquí fue San Juan de la Cruz, primer formador de los primeros llegados a Duruelo. La Santa Madre indica que aquí, en 1562, “había comenzado un principio para gran aprovechamiento de nuestra orden y servicio de Nuestra Señora”. Y aquí sigue viva la llama del Carmelo Descalzo en las hijas de la Madre Teresa y en los hijos que, hoy de modo especial miramos a Duruelo con nostalgia de silencio, de oración, de soledad, de apostolado sencillo, de caridad comunitaria, de austeridad, con nostalgia…
El eminente historiador de la Orden, Jerónimo de San José dice así: “Está el sitio de este lugar entre Ávila y Salamanca, a media legua de la villa de Mancera, en un valle de un río pequeño llamado Ríoalmar y no lejos de un monte en partes mal poblado de encinas. Por la desdicha y mudanza de los tiempos que suele trasladar de un lugar a otro no solo gente y moradores sino imperios grandes, vino a despoblarse este de Duruelo. Era un tiempo de más de 200 vecinos; ya cuando se fundó allí nuestro convento, de muy pocos, hoy de ninguno porque totalmente está desierto y con pocos vestigios de su antigua población”.
Sigue después describiendo con detalle las dependencias del “convento” cuna de la Orden. Vale la pena releer esas páginas llenas de encanto y verdad histórica.
Duruelo, “lugarcillo” para recordar y vivir con agradecimiento el 28 de noviembre, como en tiempos de san Juan de la Cruz, con deseo de renovar en nosotros, juntos con nuestras hermanas el deseo de volver cada día a los orígenes de nuestra vocación, despertando los deseos del amor primero en el Carmelo Descalzo, deseos de sencillez de vida, oración, comunidad, apostolado, cuidado materno de las Madres Carmelitas Descalzas cómo lo fue para los primeros de Duruelo el de la Madre Teresa.
En Duruelo se goza del silencio del tiempo de san Juan de la Cruz. Duruelo sigue siendo lo que fue en lo exterior y en lo interior, por la presencia aquí de la Orden por medio de las Carmelitas Descalzas privilegiadas, por la feliz idea de Santa Maravillas de Jesús de recuperar este lugar Sigue siendo atracción para todos los que vamos hacia Dios siguiendo las huellas de nuestros Santos Padres, sigue siendo, lugar principal de nuestra tierra santa del Carmelo Descalzo.







