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25-02-2021
Fallece P. Francisco Javier Jaramillo, ocd.
Fue Definidor General de la Orden

Transcribimos su testimonio vocacional que él mismo redactó con motivo de sus Bodas de Oro de Ordenación Sacerdotal.

“Gracias a la Orden y a la Provincia y desde ellas a la Iglesia que me regaló la oportunidad de vivir esta experiencia de gracia y bendición. No puedo dejar pasar esta oportunidad para dar gracias a Dios que me ha regalado la vocación al Carmelo y al Sacerdocio.

Mi celebración especial de este acontecimiento será poner al servicio de la Iglesia de Córdoba, dirigiendo los retiros espirituales a un grupo del clero y así entregar todo lo que ha sido posibilidad de ofrecer lo que me dieron para dar.  Todo lo que soy se lo debo en primer lugar a mi familia y luego a la  Provincia desde la Orden y la Iglesia.  En este año de celebración del nacimiento de la Santa también yo le quiero decir al Señor que mi vida es un don de Dios para los demás o si lo enuncio desde el lenguaje teresiano, diría es es la historia de las misericordias del Señor.  Así lo intentaré comunicar desde la oración y la vida que he tenido la oportunidad de gastar en el servicio del Reino.  Es un momento de la vida para dar gracias y glorificar a Dios por lo que Él mismo ha hecho en mi vida. En algunos momentos expreso lo vivido en singular y en la mayoría de las veces lo he vivido en comunidad, las casas en que he logrado hacer la experiencia y siempre desde la Provincia.  Voy a intentar balbucir algo de todo ello. De este modo he orado mi vida y la he agradecido a Dios:

Me ha tocado vivir una experiencia privilegiada de un momento muy original de la Iglesia y de la historia.  Siempre he tenido conciencia de esto.  Hemos sido testigos de una realidad muy particular.  Reconozco la importancia de haber sido testigo de lo de antes y de lo nuevo nacido del Concilio Vaticano II.  Ya que justamente para cuando nos ordenamos, a fines del año 1965, nos ordenamos en noviembre 14 y el Vaticano II terminaba para el 8 de diciembre del mismo año.  Que como los suelo decir: “me ordené anticuado”.  Porque tuve que empezar de nuevo a estudiar todo para poder vivir ese momento de la Iglesia y de la historia. O me quedaba llorando mirando para atrás o me ponía a vivir con todo entusiasmo lo que me tocó vivir.  Por eso lleno de alegría me propuse vivir la novedad que me regalaba la Providencia divina y al mismo tiempo agradecerle a Dios la oportunidad de esa propuesta de novedad que se me estaba regalando.  He mirado siempre el futuro con ilusión y apertura.  También es verdad que procuré acertar siempre con lo mejor, pero no he tenido la certeza de haber acertado.  Es un camino hecho en fe.  Pero quiero comenzar desde mi llegada a la Orden en mi camino vocacional, ya que también en ese momento fuimos pioneros porque el Seminario menor salía de un pueblo y se abría camino en la ciudad de Medellín, en Monticelo, Ya que fuimos los fundadores del mismo, con otros dos sobrevivientes que venían de Sonsón: Guillermo Botero (actualmente en Granada, España en la Provincia de Andalucía) y Jairo Ochoa. Etapa hermosa en sumo grado y con una precariedad que nos ha enseñado y formado para lo difícil, con formadores excelentes y de una calidad especial, que nos infundieron el amor a la Orden y a la Iglesia y nos enamoraron del Carmelo. Desde ese momento nos tocó abrir brecha en la historia de la Provincia.  Nos correspondió ser testigos del inicio y construcción del nuevo seminario, aunque a nosotros no nos tocó sino vivir en la casa de campo de don Pedro Estrada y Teresita Gómez.

De aquí siguió la etapa formativa del Noviciado y de la filosofía en Sonsón, muy rica en experiencias pero las voy a omitir.  Ya que eran las que se vivían en todo lugar y de acuerdo a lo que era la experiencia general.  De ese tiempo en el primero de teología tuvimos ya una de la ideas del que fue revolucionario formador, Enrique Uribe, que nos propuso empezar una biblioteca de cara al futuro y recogimos los libritos que cada uno tenía para empezar a formar la biblioteca que es hoy la biblioteca provincial y que luego potenciamos inmensamente en san Pío X.  Hasta que también tuvimos la oportunidad de abrir el camino de la nueva casa de San Pío X en Bogotá, cuando nos fuimos con lo fundamental: un mercado y cuatro mil pesos que nos regaló la señorita Teresita Arango.  Luego la generosidad de las comunidades de las Hermanas de la Clínica Palermo y la Clínica Nueva nos ayudaron a esa etapa maravillosa en la que el formador nos enamoró ya del ministerio sacerdotal.  También es cierto que nunca nos faltó nada, pero vivimos con una pobreza que nos formó y nos hizo valorar todo lo que íbamos consiguiendo y aprendimos a dar gracias por la Providencia divina. Imposible olvidar ese primer cursillo vocacional en el que nos dieron la oportunidad de colaborar en el que nos dieron la oportunidad de aprender haciendo y dar con originalidad nuestros conocimientos.  Allí fuimos haciendo el camino de los ministerios y de una formación que nos permitía dar nuestros vuelos por la Universidad Javeriana en los períodos de la vacaciones, que ahora nos parece todo normal, pero en ese momento era una gran novedad y una osadía del formador que se inventaba todo eso para abrir el camino hacia lo que iba siendo intuido en la celebración del Vaticano II. ¿Cómo olvidar ese apostolado en el hipódromo y en las diversas parroquias de Kennedy y Bosa?

Fuimos testigos del camino recorrido por nuestra jurisdicción pasando de Delegación de san Joaquín de Navarra, a Semi-Provincia y luego a Provincia.  En este tiempo se da también nuestra ordenación presbiteral en un momento especial de nuestra Provincia, al terminar el Concilio. Ya que con seis nuevos sacerdotes reforzábamos la andadura de la nueva Provincia y tuve la fortuna de poder comenzar mi servicio ministerial al servicio de la formación en el Seminario Menor de Monticelo, como subdirector y a los pocos meses me dieron la responsabilidad del mismo de modo que muy pronto, a los pocos meses nos tocó poner en práctica las propuestas del Vaticano II.  Todo este trienio tuvimos que empeñarnos en la aplicación a la vida del nuevo momento de la iglesia, teniendo conciencia clara que agradecíamos la formación que nos dieron, pero que no era posible formar como nos formaron.  Por eso nos atrevimos a empezar algo nuevo.

Al terminar ese trienio tuve la oportunidad de entrar en la experiencia parroquial y nada menos que en la Iglesia de santa Teresita de Bogotá donde fui superior y párroco con apenas 28 años, y sucediendo a un gigante de le vida pastoral, que era el P. José Miguel Miranda, alguien, que como él mismo decía, era “una mediocridad bien aprovechada”.  Entre mis súbditos estaban dos exprovinciales, y tres de mis profesores (dogma, moral y derecho canónico), otro Padre y dos de mis compañeros, además de tres hermanos. Al final de este trienio me dieron la oportunidad de ir a estudiar al Teresianum, de donde me obligó a regresar para la celebración del nuevo Capítulo provincial el P. General de entonces, porque yo había renunciado al mismo.  Al final de este tiempo fue cuando empezamos a organizar los famosos encuentros de Espiritualidad, animados por el P. Checa, Vicario General de la Orden, en Villa de Leyva y fue cuando se vino apresuradamente el P. General (Miguel Ángel Batiz) acusando al P. Checa de querer separar a América Latina del Centro de la Orden.  También en esta ocasión fue cuando se presentó por primera vez la habilidad y la capacidad del P. Camilo Maccise que dio los temas centrales del mismo.  Yo mismo fui testigo de ese diálogo-monólogo fortísimo entre el  General y su Vicario de frente a mi celda.  También en ese momento fue cuando la genialidad del P. Rafael Mejía presentó y potenció ante la Orden nuestra obra de Duruelo que en un principio se concibió como una casa de Retiros pero que la realidad del momento nos obligó a cambiar la finalidad ya que cuando se empezó en Bogotá existían apenas tres o cuatro casas de Retiro, pero cuando se terminó, existían muchísimas ya que muchas casas de formación de las monjas se convirtieron en esa finalidad para aprovechar sus espacios y lugares. 

Tuve la fortuna de poder ir a estudiar a Roma en el Teresianum y allí se me enriqueció todo el camino de mirar la Iglesia y la Orden desde fuera y valorar más mi Provincia.  Cuando se puede relativizar el provincialismo y descubrimos que nada se agota en nuestras pequeñas regiones de la misma Orden y se nos abre el corazón a esa experiencia de la Iglesia, me dieron la oportunidad de antes del regreso, mirar también todo desde esa óptica de universalidad.  Y así me tocó empezar el nuevo momento de Monticelo cuando cerraron el Seminario Menor, le dimos rienda suelta a la creatividad y empezamos ese Centro juvenil que luego se convirtió en el postulantado. Y de allí volver a empezar la etapa formativa del noviciado como Maestro, ya que se había cerrado temporalmente; después de este momento crítico de la historia.  Y fue allí donde Dios me regaló la idea de presentar un programa de formación, nada fácil pero animado por un religioso que me decía que ese era el camino y justamente ese religioso era un Hermano, Joaquín.  Que luego se convirtió en la base de la Ratio Institutionis de la la Orden.  Al principio mirando la etapa del Noviciado para ofrecer algo concreto y luego mirar para atrás y mirar la etapa de iniciación en el Postulantado y luego la etapa de la Teología y la Formación permanente.

Viene luego el nuevo momento que me permitió la Orden de poner al servicio mi vida en el oficio de Provincial, donde una de las más original fue haber recibido 8 estudiantes y entregar 53 de donde se podía hacer una selección para el futuro.  Tuve la fortuna de poder integrar a la misión de Tumaco a uno de los religiosos como el primer acto de mi servicio provincial y luego darle al que era Maestro de Novicios. Potenciar el estudio en la Universidad Javeriana como una opción de crecimiento en la formación. Recuerdo que mi discurso de toma de aceptación fue este: “Yo creo  en la Orden y en uds. Y por lo mismo acepto porque también los amo.”

Pero nunca me había pasado por la mente el que mi vida tomaría otro rumbo que me pondría al servicio de toda la Orden en Roma.  Así sobrevino ese nombramiento de Definidor General en ese sábado de abril de 1985.  Cambió toda mi vida pero me hizo descubrir todo eso de servicio, que había amado en la Iglesia. Allí comenzó una posibilidad para la Provincia para darle todo lo mejor de mí mismo, porque todo lo hice desde la Provincia que me envió, empezando por el encuentro en ese mismo viaje de ida a Roma con el Cardenal Eduardo Pironio.  Cuando organizaba el primer encuentro de vida contemplativa de Colombia con todas las Ordenes y Comunidades  entre el Episcopado y la Vida Religiosa. Para el que regresé después de tomar posesión de Definidor ya que estaba en san Pio X como Superior de la comunidad formativa con 40 religiosos 35 de ellos estudiantes de Filosofía y Teología.

Inolvidables acontecimientos como las visitas de renovación de las casas de Israel y de Egipto con la novedad que ello encerró. Renovación y restauración de la casa de Haifa en el Monte Carmelo, (potenciando los cursos por lenguas) y el enriquecimiento de la presencia de El Cairo, enriqueciendo el hospital de allí con la fundación de las Teresitas de Colombia tanto en El Cairo como en Alejandría.  Y la creación de esas nuevas circunscripciones de Brasil y Centro América para llevarlas hasta la condición de Provincia. Todo esto hecho con la identidad de mi provincia colombiana.  Fue hermoso participar en la potenciación de las casas de formación y reforzar el momento de África fortaleciendo la presencia y reforzar las dos grandes presencias tanto la de lengua francófona como la de lengua inglesa.

Pero también tuve la oportunidad de participar en la creación del Centro de Formación de Ávila, cuando hicimos la oferta para iniciarlo una vez preparado el lugar en la Casa de la Santa en Ávila y cuando no nos respondió nadie, le propuse al P. General, Felipe, llamar a dedo a algunos religiosos y con el teléfono en mano e invité a los primeros 15 religiosos entre otros al P. Liomer para iniciar esta experiencia maravillosa. También allí estuvo la Provincia y potenciamos todas las casas de formación sobre todo de América Latina y África y en la constitución definitiva de diversas circunscripciones, que se convirtieron en Semi-Provincias en Brasil y Centroamérica.

Terminado este período de mi vida el nuevo General pensó que mi lugar era el Teresianum para la renovación de la casa y la reconstrucción del mismo, haciéndome Rector del mismo.  Pero lo más lindo fue la comunidad que se logró formar en ese lugar en ese nuevo período y allí quedó el nombre de la Provincia también en el corazón de toda la Orden.  Fueron 10 años de bendición para mi vida. Y cuando tenía la oferta de encargarme de la Pastoral de la Orden, llegó la invitación para volver a la Provincia como Maestro de Novicios de esta nueva etapa. Así fue mi reinserción a la Provincia, después de 10 años.  Así que llegué a Villa de Leyva y luego tuvo dos pequeñas etapas de seis meses en santa Teresita de Bogotá y luego otros seis meses en san Pio X de donde se le ocurrió al Provincial darme la oportunidad de rejuvenecer mi ministerio sacerdotal en Cali, nunca pensé que a los 59 años tuviera una oportunidad de ese estilo tan enriquecedora y tan llena de alegría y posibilidades para potenciar esa comunidad, donde dejé mi vida con alegría y con agradecimiento y brotó la creación de la Escuela de formación “Edith Stein” en donde dejamos tres semestres ya funcionando y ahora todo es mejor que antes con el paso y la llegada de los nuevos.  Como dato hermoso era la presencia y ánimo del entonces Arzobispo de Cali Monseñor Isaías Duarte, que asistía, cuando el tiempo se lo permitía, a los cursos de espiritualidad sistemática y se sentaba como un oyente más.

Luego pensaron que mi lugar debía de ser santa Teresita de Bogotá y allí llegué a empezar de nuevo a los 65 años y cuando estaba enamorado de todo ese ambiente de mis primicias como pastor y cuando fui el primer párroco colombiano y superior de la misma al inicio de mi servicio y donde estaba feliz, pero fue cuando el P.  General pidió a la Provincia colombiana un servicio con la presencia de tres religiosos y me pidieron el estar disponible para ello, por lo mismo no me costó mucho renunciar a ese nuevo amor de seis meses y estar disponible para el Reino en lo que se ha convertido en esta última etapa de mi vida el lugar para hacer mi experiencia de Dios y donde vivo con toda la alegría y la capacidad que me va quedando cuando ya vivo con los límites y las fuerzas de la decadencia.  Han sido 8 años y medio en La Plata y año y medio en Córdoba, que me han permitido ser muy feliz y dando lo que me dieron para dar.  Actualmente soy el único sobreviviente de esa aventura provincial, ya que yo no pedí venir, sino que me pidieron que viniera. Gracias a la Orden y a mi Provincia Colombiana que me ha formado y me ha permitido gastarme en este servicio de la Orden y de la Iglesia.  Tal vez es en esto que consiste mi celebración de estos 50 años de sacerdocio: darle gracias a Dios por el camino que ha ido abriendo y el modo pedagógico y me ha preparado para lo que ha ido viniendo.

Gracias a Dios por la vida, por este don estupendo del sacerdocio y de haberme enamorado de todo lo que es la Iglesia y la Orden.  Estoy feliz de haber gastado mi vida al servicio de esta Iglesia de la que me enamoró Teresa y de la Orden que me lo dio todo desde la Provincia, que a pesar de haber vivido 22 años (12 en Roma y 10 en Argentina) fuera del territorio de ella, todo lo he vivido desde la misma. Ya lo que me queda es lo menos, pero la alegría es saber que he vivido todo el amor de Dios y le he repetido, hoy celebrando la fecha de mi profesión solemne (26 de agosto) y cuando le dado muchas gracias por la misericordia de Dios, la pobreza de la Orden y la compañía de los hermanos, y recordé que me preguntaron si me proponía perseverar hasta el fin y dije que lo haría con la misericordia de Dios y la oración de los hermanos.  Gracias, Señor por llegar hasta aquí. Cuando de nuevo me pongo en tus manos para estar abierto a la Gracia de Dios para convertir mi vida en un don para los demás.

fco. javier jaramillo j. ocd

 

 

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