Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

«La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado»
30-07-2021
«La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado»

En medio de la lectura de Marcos se “introduce”, para completarlo ya que es más corto que los otros sinópticos, leemos el capítulo 6 de san Juan. El domingo pasado deberíamos haber leído el comienzo de este capítulo que narra el “milagro de los panes y los peces” que funciona, narrativamente, como “detonante” de la enseñanza de Jesús sobre el pan de la vida. Jesús ha mostrado ante quien lo quiera ver que es capaz de alimentar a su nuevo pueblo en medio del desierto como hizo el Señor en los antiguos tiempos del Éxodo. Esto le presenta ante todo los que lo quieran ver como el Mesías, aquel a quien Dios envía entre los suyos para hacerles conscientes de la salvación y de lo que ella implica. Este gesto de Jesús no es un truco para motivar un comportamiento humano sino para mostrar quién es él realmente y quien puede ser para sus discípulos y su pueblo: el mesías, el salvador que es evidentemente capaz de sustentar y proteger a los suyos aunque estén en medio del desierto e, incluso, tengan que quedarse ahí durante muchos años. Y más, aun queridos, protegidos y alimentados en lo esencial, tendrán que atravesar, como el mismo mesías el sufrimiento y la muerte. Hoy comenzados a leer el discurso y debate posterior acerca del signo obrado por Jesús (y que podía haber acabado muy mal, con Jesús proclamado rey). El debate comienza con ellos buscando a Jesús con evidente interés por lo que ha hecho y con Él dudando de sus motivaciones: en realidad ellos no siguen un signo sino solo su estómago y la facilidad con lo que lo han llenado.

Tienen que ir más allá de sus estómagos, del alimento que perece, hacia donde apunta el signo: conocer qué y quién es realmente el alimento que se les está ofreciendo. Han identificado correctamente a quien puede saciarlos pero no saben todavía cuál es la saciedad que Él puede dar y les está ofreciendo. De esto va el discurso: se trata de conocer lo que Jesús da, cómo lo da y por qué lo da. El es el hijo del hombre, esto es, un hombre que es el mesías pero también tiene en su ser el sello de Dios. Y, por eso, porque es un asunto de Dios, es un asunto de fe. Lo que tienen que hacer es ir más allá del signo creyendo en quién lo ha realizado para llegar a descubrir qué es lo que realmente trae y aporta: Jesús es el alimento esencial, el pan, que viene del cielo, del mismo Dios para sustentar y fomentar la vida, y llevarnos a todos a la plenitud.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Éxodo 16, 2-4. 12-15

En aquellos días, la comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo:
– «¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egip­to, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para ma­tar de hambre a toda esta comunidad.»
El Señor dijo a Moisés:
– «Yo haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a reco­ger la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no. He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: "Hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios."»
Por la tarde, una banda de codornices cubrió todo el cam­pamento; por la mañana, había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas se dijeron:
– «¿Qué es esto?»
Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo:
– «Es el pan que el Señor os da de comer.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 17. 20-24

Hermanos:
Esto es lo que digo y aseguro en el Señor: que no andéis ya como los gentiles, que andan en la vaciedad de sus crite­rios.
Vosotros, en cambio, no es así como habéis aprendido a Cristo, si es que es él a quien habéis oído y en él fuisteis adoctri­nados, tal como es la verdad en Cristo Jesús; es decir, a abandonar el anterior modo de vivir, el hombre viejo co­rrompido por deseos seductores, a renovaros en la mente y en el espíritu y a vestiros de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 24-35

En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le pre­guntaron:
– «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»
Jesús les contestó:
– «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto sig­nos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.
Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.»
Ellos le preguntaron:
– «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?»
Respondió Jesús:
– «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.»
Le replicaron:
– «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu' obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo."»
Jesús les replicó:
– «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cie­lo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cie­lo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.»
Entonces le dijeron:
– «Señor, danos siempre de este pan.»
Jesús les contestó:
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»