Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí"
17-09-2021
"El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí"

Como ya aparecía el domingo anterior, el relato evangélico cambia de intención y sentido. Una vez que Pedro ha "confesado" que Jesús es el mesías, el hombre que Dios envía para hacer cumplir sus promesas, Jesús da comienzo a un periodo en que “va instruyendo a sus discípulos”. Y la instrucción versa sobre el verdadero camino del mesías que pasará por la entrega en manos de los hombres para que lo maten, y algo mucho más desconcertante: que a los tres días de esta muerte, resucitará. Dice el evangelista, con toda razón, que los discípulos no entendían y que les daba miedo preguntarle. A muy pocos les podía caber en la cabeza y en la imaginación que el mesías pudiera aparecer con tamañas perspectivas. Lo mínimo era pensar qué mesías era realmente aquel y que iban a sacar de tamaña aventura. En su experiencia de hombres y discípulos tendrán que asumir el camino, el proceso que tendrá que hacer después cualquiera que se acerca a Jesús. Y más todavía, cuando comiencen a intuir a donde apunta todo eso, a cuál es la verdadera misión del mesías y que no tiene que ver con el establecimiento del enésimo imperio humano que sea el fin y el culmen de todos ellos, sino algo completamente distinto. Qué sea esto realmente, aun no aparece en el Evangelio. Se irá desvelando poco a poco. De momento solo el anuncio de que el camino del mesías finaliza en la “resurrección” aporta un poco de luz y sentido a todo lo afirmado. Su camino como discípulos será un verdadero aprendizaje, un auténtico cambio que tendrán que asumir a través de sus propias vidas. Este cambio de pensamiento y mentalidad, aprendizaje, comienza inmediatamente, según el texto. Porque los discípulos en vez de reflexionar sobre lo que Jesús “enseña”, más bien lo hacen sobre sus consecuencias, es decir, que si Jesús va a desaparecer, será necesario que tenga un lugarteniente, un seguidor principal a quien mirar cuando él desparezca –aunque sea momentáneamente–. Buscaban, por eso, quién era el más importante y Jesús les sorprende: el primero entre ellos, entre los cristianos que sigan al mesías, no será quien vaya delante o el más “honrado”, sino quien más se dedique al servicio, hasta el punto de elegir ser el último para poder llegar todos y cuidar de ellos. Y lo muestra muy gráficamente al poner a un niño –alguien sin ninguna importancia ni valor más que sus posibilidades que no tenían por qué realizarse– y señalar que su posición y realidad es la más parecida a la suya: solo quien acoge a un pequeño así, que no importa socialmente, está acogiendo al mesías y a quien le envía, a Dios, que es quien está detrás queriendo cambiar el modo como percibidos y vivimos la realidad. No es una revolución ni un "dar la vuelta a la tortilla", sino que ampliemos nuestra experiencia de la realidad y la vida es más amplia y el verdadero poder está en dar vida y sustentar no en quedar por encima.

 

» Primera Lectura

Lectura del libro de la Sabiduría 2, 17-20

Se dijeron los impíos:
«Acechemos al justo,
veamos si sus palabras son verdaderas,
comprobando el desenlace de su vida.
Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará
y lo librará del poder de sus enemigos;
lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura,
para comprobar su moderación
y apreciar su paciencia;
lo condenaremos a muerte ignominiosa,
pues dice que hay quien se ocupa de él.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol Santiago 3, 16-4, 3

Queridos hermanos:
Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda cla­se de males.
La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, ade­más, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de miseri­cordia y buenas obras, constante, sincera.
Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia.
¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vo­sotros? ¿No es de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis; matáis, ardéis en envidia y no alcanzáis nada; os combatís y os hacéis la guerra.
No tenéis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pe­dís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se entera­se, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía:
– «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.»
Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó:
–«¿De qué discutíais por el camino?»
Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
–«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»
Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
– «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

LECTURAS DEL DOMINGO

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