Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora"
14-01-2022
"Tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora"

Comenzamos hoy un nuevo ciclo litúrgico de lecturas, concretamente el llamado “C” que se funda en III Evangelio, el de san Lucas aunque en este domingo iniciamos con un texto del Evangelio de Juan. Se trata de un eco de las fiestas de Navidad, esto es, la primera manifestación activa de Jesús en su vida pública. El Evangelio narra que no se trata de algo preparado sino casi forzado por la insistencia e intercesión de la María, la Madre de Jesús. En el sencillo y profundo lenguaje del evangelista todo significa y señala la misión de este hombre destinado a ser la Luz del mundo. Lo primero es el contexto, reflejado también en la primera lectura que describe la relación entre Dios y su pueblo usando la clave esponsal: el Dios de Israel asume en su propia casa, en su propia vida y realidad a su pueblo. Esa es la meta de la alianza, no se trata solo de “religión” o de adoración vertical del hombre y creatura hacia su Señor, absoluto e infinito. Este Señor y Creador quiere realmente comprometerse al máximo nivel con sus criaturas a las que llama hijos. Jesús es el mesías, el enviado de este Dios para cumplir y hacer realidad para todos estos fines de la alianza. En esta boda se anuncia y se muestra ya por anticipado cómo será esto. Se trata, como decíamos, de una boda. En ella, para desgracia de todos, falta el vino, el símbolo por excelencia de la fiesta, del gozo de la vida, del “plus” que significa o tiene que significar la unión entre las personas y de estas con Dios. El vino está por la alegría, ese romper las barreras de contención y darnos cuenta de que estamos juntos, vivimos unidos, somos los unos regalos para los otros y para todos. Es María quien se da cuenta y de lo que esta falta de vino significa: no se puede vivir sin alegría, ilusión, solo cumpliendo normas, leyes, solo “haciendo lo correcto” en seco y porque sí. Jesús se resiste con el argumento de que “no ha llegado mi hora”, como diciendo que no es ni el momento ni el lugar para lo que ha venido a hacer. Sin embargo, se impone el criterio de María y esto significa también mucho para los cristianos.

No precisamente que ella dulcifique o adelante el don de la misericordia que su hijo parece que se resiste a otorgar sino más bien que tiene su propio criterio respecto de la presencia y misión de Jesús, que lo expresa claramente y que es escuchada, especialmente porque siempre muestra su absoluta confianza, como Cristo, en la voluntad de Dios, en que su hijo es quien la manifiesta y la va haciendo realidad. Así bajo su orden, el agua, muy útil sin duda pero incapaz de “calentar” el corazón humano, símbolo quizá de la pureza pero no de la fraternidad, se transforma en vino y, además, en un vino superior, el mejor de todos, según el mayordomo entendido en bodas. El evangelista concluye dando testimonio del primer “signo” de Jesús, del comienzo de la manifestación de su gloria y de la progresiva fe en él de los discípulos.

» Primera Lectura

Lectura del Profeta Isaías 62, 1-5

Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que rompa la aurora de su justicia
y su salvación llamee como antorcha.
Los pueblos verán tu justicia,
y los reyes, tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo,
pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios.
Ya no te llamarán «abandonada»,
 ni a tu tierra «devastada»;
a ti te llamarán «Mi favorita»,
y a tu tierra «Desposada»;
Porque el Señor te prefiere a ti
y tu tierra tendrá marido.
Como un joven se casa con su novia,
así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa,
la encontrará tu Dios contigo.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 12,4-11

Hermanos:
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu;
hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor;
y hay diversidad de funciones,
pero un mismo Dios que obra todo en todos.
En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.
Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría;
otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu.
Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe;
 y otro, por el mismo Espíritu, don de curar.
A éste le han concedido hacer milagros;
a aquél, profetizar.
A otro, distinguir los buenos y malos espíritus.
A uno, el lenguaje arcano;
a otro, el don de interpretarlo.
El mismo y único Espíritu obra todo esto,
repartiendo a cada uno en particular como a él le parece.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan 2, 1-12

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo:
–No les queda vino.
Jesús le contestó:
–Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.
Su madre dijo a los sirvientes:
–Haced lo que él diga.
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dijo:
–Llenad las tinajas de agua.
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les mandó:
–Sacad ahora, y llevádselo al mayordomo.
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo:
–Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora.
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él.
Después bajó a Cafarnaúm con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.

LECTURAS DEL DOMINGO


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