Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él"
20-05-2022
"El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él"

El anuncio de la Pascua, que Jesús ha resucitado tras su pasión y muerte y que ya no muere más porque era, es y será el Hijo de Dios que manifiesta en nuestra carne la verdadera naturaleza de Dios, que es comunión, servicio y amor y, sobre todo, ha venido a nosotros para redimirnos y permanecer aquí hasta que todos lleguemos a esta meta, suscitó, desde el principio, grandes y graves debates entre los creyentes. Así lo testificaba la primera lectura mostrando cómo surgió y se resolvió uno de los más importantes y fundamentales: qué significa realmente la máxima revelación de Dios en Cristo y como esto, realmente, constituye una nueva alianza, una nueva relación entre Dios y los hombres. Jesús era judío, miembro convencido y practicante de la alianza de Israel; fue circuncidado y respetó cada día de su vida los preceptos de la religión. Entendió e interpretó la Palabra de Dios como un judío aunque también la llevó hasta su mismo límite, cumpliéndola y manifestando en su vida, entrega y resurrección cómo Dios quería hacer realidad sus promesas. Su vida muestra que la alianza no era una “religión” solamente, esto es, un régimen institucionalizado para las relaciones con Dios como protector y sustentador de Israel, sino una verdadera relación de amistad y de amor, al menos por parte de Dios.

Y por ello, Él estaba dispuesto y disponiéndonos para poder hacer realidad todas las promesas. La salvación, pues, viene ahora no de la Ley de Moisés y sus exigencias, sino de Jesús porque solo en Él son realidad la presencia y el cumplimiento de las promesas de la alianza. Él es la nueva Alianza, la relación con Dios que nos introduce de verdad en su propia vida y “esencia”, como decía el Evangelio. “Salvarse” no es cumplir un expediente y pasar, aunque sea por los pelos por la “gatera” hacia la vida eterna, sino vivir el amor guardando la Palabra de Jesús. Teresa de Jesús lo llamaba amistad directamente, ser “amigos fuertes de Dios” a través del Amigo que nunca falla. De su mano, llega el Padre y hace de nosotros su casa, habita en nuestra vida y, por tanto, nosotros vamos compartiendo la suya. Y así, poco a poco. Amar y guardar la Palabra definen claramente el modo de relación: nos atrae el amor, el don, el regalo y nos adherimos cuando lo imitamos con nuestra propia vida. Es un proceso, una vida, en cuyo centro y corazón está el Espíritu Santo, que ya se empieza a mencionarse. El Espíritu es Quien Faltaba, Quien da valor a la Palabra y la misma persona de Cristo, Quien nos hace hijos de tal Padre. El lo ha enseñado y lo vuelve a enseñar todo, lo recuerda en la vivencia diaria, en la oración, en la celebración, en la meditación y estudio de la Palabra y, sobre todo, en su puesta en práctica.

» Primera Lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 15, 1-2. 22-29

En aquellos días, unos que bajaban de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban como manda la ley de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los Apóstoles y presbíteros sobre la controversia.
Los Apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron entonces elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas Barsabá y a Silas, miembros eminentes de la comunidad, y les entregaron esta carta:
«Los Apóstoles, los presbíteros y los hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo.
Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alarmado e inquietado con sus palabras. Hemos decidido por unanimidad elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor. En vista de esto mandamos a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que no os contaminéis con la idolatría, que no comáis sangre ni animales estrangulados y que os abstengáis de la fornicación.
Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud.»

» Segunda Lectura

Lectura del Libro del Apocalipsis 21, 10-14. 22-23

El ángel me transportó en espíritu a un monte altísimo
y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén,
que bajaba del cielo, enviada por Dios
trayendo la gloria de Dios.
Brillaba como una piedra preciosa,
como jaspe traslúcido.
Tenía una muralla grande y alta
y doce puertas custodiadas por doce ángeles,
con doce nombres grabados:
los nombres de las tribus de Israel.
A oriente tres puertas,
al norte tres puertas,
al sur tres puertas,
y a occidente tres puertas.
El muro tenía doce cimientos que llevaban doce nombres:
los nombres de los Apóstoles del Cordero.
Templo no vi ninguno,
porque es su templo el Señor Dios Todopoderoso
y el Cordero.
La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre,
porque la gloria de Dios la ilumina
y su lámpara es el Cordero.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan 14, 23-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado ahora que estoy a vuestro lado; pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
La Paz os dejo, mi Paz os doy: No os la doy como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir:
«Me voy y vuelvo a vuestro lado.» Si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.

LECTURAS DEL DOMINGO