Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre"
06-05-2022
"Nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre"

La Palabra de Dios nos confronta hoy con la presencia de Cristo resucitado en medio de nuestro mundo pues es el domingo dedicado a Cristo Pastor, esto es, cabeza de su comunidad que le propone como referente para todo hombre o mujer que viene a este mundo. La Escritura prefiere usar este término, Pastor, para hablar del Señor Jesús como centro, guardián, protector, dirigente de la iglesia que ha reunido y sostiene para que le siga haciendo presente, en carne, hasta el fin de los tiempos. Como bien sabemos, el pastor por excelencia fue el rey David, quien supo hallar el difícil equilibrio que supone representar la autoridad de Dios de entre los hombres. Israel necesitaba un rey, o eso creían, pero Dios era el verdadero rey de Israel así que este rey ungido, tenía que vivir vuelto de cara a Dios, siempre fiel a Él (el corazón de David fue siempre de Dios) pero también hacia los hombres, hacia sus necesidades, buscando siempre el mejor modo de que conviviesen, “progresasen”, mantuviesen viva la alianza con Dios y entre ellos. Por supuesto, David era un hombre, sujeto a todas las debilidades y cayendo en todos los pecados de los hombres y los poderosos. Los discípulos de Jesús, “sobrepasados” por la realidad de la Resurrección, retomaron la figura del rey pastor para significar la verdadera actuación de Cristo entre los hombres.

Su vida recuperada y renovada le ponía por encima de todo y todos pero, al mismo tiempo, su vida terrena, pasión y muerte le mantiene cercano a la vida de todos los que aún vivimos en la carne y tenemos que lidiar con los inconvenientes de la existencia y con todos los problemas. La realidad de Cristo Pastor nos libra de triunfalismos engañosos puesto que ni como cristianos ni católicos ni como hombres estamos “progresando” hacia las alturas sin posible retroceso. Más bien vamos arriba y abajo, atrás y delante pero sabemos que nunca vamos solos. Cristo nos asegura que somos sus ovejas, nos conoce a cada uno y mientras le sigamos nunca nos perderemos, ni pereceremos. Nadie puede arrebatarnos de las manos mismas de Dios. Y Jesús es uno con el Padre, todo su poder y voluntad de amar, perdonar, en contacto con nosotros. Aunque la iglesia sea, también, una organización, lo nuestro es, sobre todo, una familia, de carne y espíritu, pero bien y firmemente asentada en este mundo gracias a su Maestro, Señor y Pastor, que vino para esto y no se marchará hasta que nos lleve con Él.

» Primera Lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 13, 14. 43–52

En aquellos días, Pablo y Bernabé desde Perge siguieron hasta Antioquía de Pisidia; el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento.
Muchos judíos y prosélitos practicantes se fueron con Pablo y Bernabé, que siguieron hablando con ellos, exhortándolos a ser fieles al favor de Dios.
El sábado siguiente casi toda la ciudad acudió a oir la Palabra de Dios. Al ver el gentío, a los judíos les dio mucha envidia y respondían con insultos a las palabras de Pablo.
Entonces Pablo y Bernabé dijeron sin contemplaciones:
–Teníamos que anunciaros primero a vosotros la Palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: «Yo te haré luz de los gentiles, para que seas la salvación hasta el extremo de la tierra.»
Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron mucho y alababan la Palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna, creyeron.
La Palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas y devotas y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron del territorio.
Ellos sacudieron el polvo de los pies, como protesta contra la ciudad y se fueron a Iconio. Los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo.

» Segunda Lectura

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 9. 14b-17

Yo, Juan, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.
Y uno de los ancianos me dijo:
–Estos son los que vienen de la gran tribulación, han lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero.
Por eso están ante el trono de Dios dándole culto día y noche en su templo.
El que se sienta en el trono acampará entre ellos.
Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.
Y Dios enjugará las lágrimas de sus ojos.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan 10, 27-30

En aquel tiempo, dijo Jesús:
–Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano.
Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre.
Yo y el Padre somos uno.

LECTURAS DEL DOMINGO