Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis"
29-04-2022
"Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis"

El tiempo de Pascua es un espacio y lugar privilegiado para acercarnos al encuentro vivo con Cristo Resucitado que constituye el núcleo de la  fe en Él. Creer en Jesús no es dar por válidas una serie de ideas o creencias, sino haber encontrado, encontrar cada día, de hecho, al mismo Jesús, presente en medio de su comunidad y familia pero también cercano a todo hombre que habita este mundo. En Pascua entendemos como el Hijo de Dios vino para quedarse, para caminar junto a nosotros. Así, mientras por un lado (primera lectura), la comunidad que le confiesa y se entrega a la misión que les ha encargado, lucha contra los mismos poderes que le quisieron arrojar de este mundo, Él camina por donde quiere y entre quienes quiere para encontrarles, inquietarles, hacerles saber poco a poco de que sigue entre ellos, que comparte todo lo nuestro. Pues una realidad tiene que ver con la otra. Es decir, la fuerza que sostiene a los apóstoles, entonces y ahora, frente a los poderes que los quieren anular o hacer callar, sigue siendo la certeza de que Él está presente, sosteniendo, perdonando, animando y, en última instancia acompañandonos a través del túnel de la muerte que ya ha atravesado y que, desde entonces, ilumina.

El Evangelio nos dejaba el relato de uno de esos encuentros, muy recordados y valorados en la primera iglesia porque son pocos y ayudan sobremanera a entender cómo nosotros mismos nos encontramos con Él. En este, Jesús va hacia los suyos en mismo lugar que los encontró la primera vez, junto al lago de Galilea, y en el mismo contexto: mientras están pescando, como antes de comenzar esta aventura e historia. Los discípulos –que aún lo son aunque ahora no se lo parezca– salen a pescar, como siempre hacían, pero no capturan nada, su trabajo y esfuerzo no sirve para nada. Es en este momento cuando Jesús vivo se deja ver, aunque ellos no lo pueden reconocer, todavía. Él se hace reconocer mediante el mandato de que vuelvan a echar la red y, efectivamente, la sacan llena hasta arriba de peces. Es el discípulo amado por Jesús quien lo reconoce, el amor supera el abandono y la infidelildad. En el otro extremo, Pedro lo constata y se quita de en medio, pero ya le llegará el momento, temido y deseado, de encontrar al Maestro. Una vez en tierra, el cuadro cambia y los discípulos entran en el ambiente dispuesto por Jesús: un fuego con pescado ya dispuesto pero Jesús admite también el que ellos han obtenido. Ninguno pregunta pero todos saben bien quién es, mientras comparten el alimento que los reintegra a todos a la fraternidad, a la comunión con el Maestro Resucitado. A continuación, Pedro tiene su personal encuentro con Él. Si fueron tres negaciones, ahora toca confesar tres veces que se acoge el amor de Jesús. El encuentro es más para él que para Jesús quien no ha venido a pedir cuentas sino a dar perdón, amistad, amor. Pedro ve confirmada su misión y el último sentido de su vida: le toca ya ponerse por completo en las manos del Maestro sabiendo que esto le va a llevar, como a Él, a la muerte, a la entrega total. La palabra clave es ahora la misma del principio: Sígueme. Se trata de seguir, imitar, obrar realmente en la vida como Él actuaba. Hoy como ayer son precisos imitadores, discípulos, no bastan los “admiradores”.

» Primera Lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 5, 27b-32. 4ob-41

En aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los Apóstoles y les dijo:
–¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.
Pedro y los Apóstoles replicaron:
–Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. «El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero.» «La diestra de Dios lo exaltó haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados.» Testigo de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.
Azotaron a los Apóstoles, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los Apóstoles salieron del Consejo, contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.

» Segunda Lectura

Lectura del libro del Apocalipsis 5, 11-14

Yo, Juan, miré y escuché la voz de muchos ángeles:
eran millares y millones
alrededor del trono y de los vivientes y de los ancianos,
y decían con voz potente:
«Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza,
la sabiduría, la fuerza,
el honor, la gloria y la alabanza.»
Y oí a todas las creaturas que hay en el cielo,
en la tierra, bajo la tierra, en el mar,
–todo lo que hay en ellos– que decían:
«Al que se sienta en el trono y al Cordero
la alabanza, el honor,
la gloria y el poder
por los siglos de los siglos.»
Y los cuatro vivientes respondían: Amén.
Y los ancianos cayeron rostro en tierra,
y se postraron ante el que vive por los siglos de los siglos.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan 21, 1-19

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:
–Me voy a pescar.
Ellos contestaban:
–Vamos también nosotros contigo.
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice:
–Muchachos, ¿tenéis pescado?
Ellos contestaron:
–No.
El les dice:
–Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro:
–Es el Señor.
Al oir que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:
–Traed de los peces que acabáis de coger.
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:
–Vamos, almorzad.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da; y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.
Después de comer dice Jesús a Simón Pedro:
–Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?
El le contestó:
–Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dice:
–Apacienta mis corderos.
Por segunda vez le pregunta:
–Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
El le contesta:
–Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
El le dice:
–Pastorea mis ovejas.
Por tercera vez le pregunta:
–Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó:
–Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.
Jesús le dice:
–Apacienta mis ovejas.
Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió:
–Sígueme.

LECTURAS DEL DOMINGO


...........