Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado"
22-04-2022
"Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado"

Nos adentramos en el tiempo de Pascua de este año a partir de este domingo que coincide con el fin de la octava. Cristo está vivo y resucitado, manifestando a todos los que creen en Él que el Hijo Unigénito de Dios, Señor y Mesías. Pero como toda manifestación divina auténtica, esta ha de hacerse desde el ocultamiento propia de la revelación y de la presencia de Dios entre nosotros. Lo recordaba la primera lectura: ahora son los apóstoles, los discípulos de Jesús, quienes “hacían muchos signos y prodigios” en medio del pueblo, que son los signos que indican que entre ellos está el Señor y el Mesías, Jesús el Crucificado, que ha Resucitado. Y más: ellos mismos son el signo, especialmente cuando estaban reunidos. Todos los percibían porque, de hecho, “los demás no se atrevían a juntárseles” pues, como antes su Maestro, también los sabían “signo de contradicción”, motivo de “escándalo”, aunque estaban en boca de todos y crecía el número de los que se les adherían y haciéndolo, se adherían al Señor. El foco, pues, se pone en la comunidad. La iglesia querida, cuidada y habitada por Cristo es el principal signo que manifiesta su presencia y que atestigua que la redención sigue adelante.

La razón profunda nos la mostraba el Evangelio: Jesús “aparece” –se deja ver, mejor dicho– en medio de los suyos. Se hace presente entre ellos aunque las puertas estén cerradas por miedo a la persecución. Jesús resucitado, vivo para siempre, sigue compartiendo el tiempo de sus primeros discípulos, así como comparte también el nuestro. Es un hombre, pues, quien habla no una deidad misteriosa e incognoscible que diga ahora cosas completamente distintas. Su acción se dirige, como antes, a hacer realidad las promesas de Dios, especialmente el don del Espíritu. El relato se centra en el modo de estar de Jesús, en su especial corporalidad. Su cuerpo, glorificado, conserva y conservará las huellas que han dejado las heridas de la pasión y puede, como cualquier otro cuerpo humano, relacionarse y comunicarse con los demás, si bien lo hace solamente con quienes creen en él, con los que han aceptado y superado el “escándalo” de su muerte y resurrección. Tomás, a quien apodan el “mellizo”, esto es, como si fuera el más parecido a Jesús, no estuvo presente el día de Pascua –Jesús se muestra de modo especial los domingos coincidiendo con el día de la resurrección– y parece “necesitar” la prueba de “tocarle” para convencerse de que está realmente vivo. Así, en el siguiente domingo, Jesús se vuelve a mostrar y lo primero que hace es dirigirse a Tomás para que toque sus heridas (para que “toque” al Logos a través de ellas) y nos recuerda a todos que su cuerpo, su pasión, su muerte, su cruz y, por tanto, también todos aquellos que están sufriendo hoy y no se escandalizan de Dios, será siempre puerta, camino abierto para el encuentro personal con Él. Solo algo es necesario e imprescindible: creer, acoger, aceptar al Jesús que hoy está vivo y con nosotros, todos los días, hasta que se consume el mundo.

» Primera Lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 5, 12-16

Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo.
Los fieles se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor.
La gente sacaba los enfermos a la calle, y los ponía en catres y camillas, para que al pasar Pedro, su sombra por lo menos cayera sobre alguno.
Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén llevando enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos se curaban.

» Segunda Lectura

Lectura del libro del Apocalipsis 1, 9-11a. 12-13. 17-19

Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación,
en el reino y en la esperanza en Jesús,
estaba desterrado en la isla de Patmos,
por haber predicado la palabra de Dios
y haber dado testimonio de Jesús.
Un domingo caí en éxtasis
y oí a mis espaldas una voz potente, como una trompeta,
que decía:
Lo que veas escríbelo en un libro,
y envíaselo a las siete iglesias de Asia.
Me volví a ver quién me hablaba,
y al volverme, vi siete lámparas de oro,
y en medio de ellas una figura humana,
vestida de larga túnica
con un cinturón de oro a la altura del pecho.
Al verla, caí a sus pies como muerto.
El puso la mano derecha sobre mí y dijo:
–No temas: Yo soy el primero y el último,
yo soy el que vive.
Estaba muerto, y ya ves, vivo por los siglos de los siglos;
y tengo las llaves de la Muerte y del Infierno.
Escribe, pues, lo que veas:
lo que está sucediendo
y lo que ha de suceder más tarde.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos.
Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
–Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
–Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
–Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
–Hemos visto al Señor.
Pero él les contestó:
–Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
–Paz a vosotros.
Luego dijo a Tomás:
–Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás:
–¡Señor mío y Dios mío!
Jesús le dijo:
–¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.

LECTURAS DEL DOMINGO


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