Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos"
15-04-2022
"Hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos"

Emergemos hoy, domingo por excelencia, el primero de todos, la Pascua, de este túnel o noche que ha sido el Triduo Santo, y contemplamos la verdadera fuerza del amor y el servicio, respaldada por la resurrección y que tiene como meta la vida para siempre. De todos modos, hoy no hay que perder de vista que celebramos y revivimos una historia plenamente humana, como nos recordaba la primera lectura: “lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba… Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu… [y aunque] lo mataron colgándolo de un madero, Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver”. No hablamos de una fábula, ni siquiera de un mito sino de una vida humana verdadera, de la opción libre de un hombre que se sabía enviado por Dios para cumplir la definitiva misión de hacer realidad, para todos, las promesas hechas y sostenidas durante siglos. Este hombre mostró su única relación con Dios manifestando y obrando el bien, curando el cuerpo y el alma de todos los que encontró y supieron ver, si bien mínimamente, quien era. Fue tomado por otros, por los “importantes”, como una amenaza y conducido a la muerte, pero Dios hizo que ese no fuera el final, lo “resucitó”, un acontecimiento que va mucho más allá de superar su muerte. Siendo quien era, este gesto de Dios fue su exaltación, la recuperación completa de la “forma” de su ser de Dios, aquella a la que había renunciado para poder llevar a cabo su cometido que no era otro sino vivir y morir como verdadero y fiel Hijo de Dios, siendo uno de nosotros. La Pascua crea también la nueva comunión entre Jesús y los discípulos, significa el perdón definitivo de Dios que restaura la relación rota entre los hombres y Dios, que se  empieza a gustar y anunciar a partir de la comunidad que forman aquellos a quienes se ha manifestado el Hijo de Dios Resucitado, que ya no se puede mostrar a todos como antes, pues ahora se manifiesta como Dios en todo su poder y capacidad de crear y salvar.

El Evangelio, en comparación, nos mostraba los signos de lo que ha sucedido, pobres como son todos los signos de la realidad pero comunicativos de una gran esperanza a quen sabe mirarlos. El cuerpo de Jesús no está y sin duda caben varias explicaciones. Es necesaria, ya desde el primer momento, la fe o relación viva con este hombre, una amistad que tampoco ha muerto sino que ahora está más viva que nunca. María, el discípulo que tanto lo quería son los primeros que se dan cuenta. Es el amor de y por Él el que les hace comprender y los lleva a “poder verlo”, a encontrarlo en esta realidad en la que querido mantenerse hasta que llegue el fin del mundo. A Pedro le costará un poco más: porque cada persona tiene que recorrer su propio camino, superar sus propias dificultades. Pero los signos los tenemos delante: la palabra, la Eucaristía, la comunidad, el Espíritu, la carne viva porque entregada y resucitada del Salvador.

» Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
–«Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusa­lén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4

Hermanos.
Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arri­ba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también voso­tros apareceréis, juntamente con él, en gloria.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo:
–«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el sue­lo; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabe­za, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado pri­mero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

LECTURAS DEL DOMINGO


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