Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte"
12-11-2021
"Enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte"

El evangelio de Marcos, a punto de despedirse ya de nosotros, todavía nos enseña que el camino del mesías “confesado” en esta tierra, Jesús, no acaba aquí, a pesar de las apariencias sumamente negativas, sino que continúa más allá. Lo que los otros evangelistas afirman directamente al decir que Jesús venía (porque preexistía) de Dios y a Dios tenía que volver, Marcos lo deja caer de modo más indirecto. Jesús no es un profeta más, es, como poco, el mesías, palabra, realidad, esperanza que resume todo lo que la antigua alianza había comprendido de la presencia divina en la historia y cómo esta misma alianza les llevaba hacia la plenitud, hacia la consumación de todas las cosas. Por todo ello, al final del evangelio ni Jesús ni su narrador evitan hablar y razonar sobre el final de todas las cosas (“escatología”) y afirmar con toda claridad que lo que viene es la salvación definitiva de Dios. Ciertamente, habrá una “gran angustia”, y el mundo que conocemos y confiamos en que cada mañana continúe ahí, desaparecerá pues “el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo”. Pero el signo no es este, no es ese “gran apagón” que se nos profetiza en estos días ni el colapso social al que aluden otros, y esto porque, sencillamente, ya ha sucedido en la historia muchas veces y volverá a suceder, por tantísimas razones que se sustentan en que, aunque lo creamos, no podemos ni lo sabemos todo. El signo es otro muy diferente: “verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad” y lo primero que hará será reunir “a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte”. Este Hijo del hombre es un personaje bíblico que aparece en el libro de Daniel (primera lectura, aunque no en este texto) y que está asociado directamente a la salvación que Dios obra directamente una vez llegado el momento oportuno. El evangelista y Jesús mismo están identificando con su persona a este Hombre estrechamente relacionado con Dios y su intervención. Se nos recuerda que tras las tribulaciones que sean aparecerá el Salvador definitivo.

Pero el evangelio dice más: se nos invita a reconocer los signos, cuando las ramas de esa higuera parabólica se pongan tiernas y se presientan las yemas que anuncian el fruto. De nuevo un signo positivo, que indica vida, renacimiento de la vida tras ese “final” anual que es cada invierno. Y aún hay más: todo esto no es solo para final de todos los tiempos y todas las cosas puesto que “no pasará esta generación antes que todo se cumpla”, esto es, que cada generación de creyentes experimenta que este final está aquí ya, aunque sea en segundo plano, y se expande, crece inexorablemente a causa de la fuerza viva de la Palabra de Dios. Ni Jesús, como hombre, sabe cuándo será y por lo tanto ningún hombre lo podrá saber, puesto que no ha habido nadie tan cercano a Dios como él, pero nos asegura que es el Padre mismo, el suyo, el nuestro, quien está detrás, quien sustenta toda esta realidad.

» Primera Lectura

Lectura de la profecía de Daniel 12, 1-3

Por aquel tiempo se levantará Miguel,
el arcángel que se ocupa de tu pueblo:
serán tiempos difíciles, como no los ha habido
desde que hubo naciones hasta ahora.
Entonces se salvará tu pueblo:
todos los inscritos en el libro.
Muchos de los que duermen en el polvo
despertarán:
unos para vida eterna,
otros para ignominia perpetua.
Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento,
y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas,
por toda la eternidad.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos  10, 11-14. 18

Cualquier otro sacerdote ejerce su ministerio, diariamente, ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de nin­gún modo pueden borrar los pecados.
Pero Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio; está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como es­trado de sus pies.
Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados.
Donde hay perdón, no hay ofrenda por los pecados.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Marcos 13, 24-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.
Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte.
Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta genera­ción antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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