Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

«¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
29-10-2021
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?»

Jesús ha llegado ya a Jerusalén (cfr. Mc 11,1ss.) pero no al fin de su camino. Le quedan todavía muchos encuentros y mucho que enseñar a través de ellos, para acercarnos a su verdadero propósito, que poco a poco vamos descubriendo y, ojalá, también llevando a nuestra vida. Hoy hemos escuchado el relato del último de los encuentros con “opositores”, con los defensores del régimen y “status quo” de Israel. El evangelista ha dejado éste para el último para que resuma todos los otros y también el “enfrentamiento” de Jesús con las autoridades que acabarán llevándole a la muerte. Es un encuentro especial con un “escriba” y se trata en él de la Ley, de los mandamientos más importantes. Porque antes, como ahora, se preguntaban los teólogos por la quintaesencia del mensaje de la revelación. El escriba pregunta por el mandamiento primero de todos y Jesús le responde, literalmente: el primero es que escuches, que aceptes y acojas que el Señor es Único, que es Dios y tu Señor y le ames con todo el corazón, el alma, la mente y el ser entero. Jesús une a este el que llama “segundo” mandamiento: amar al prójimo como a uno mismo. La respuesta del escriba muestra que Jesús no es el único en unir ambos mandamientos y ponerlos por encima de todo lo demás como expresión de la verdadera voluntad de Dios. Amor a Dios y amor a los demás, especialmente a los cercanos según la Alianza, la vida, las circunstancias. Además, este escriba, al revés que en los otros encuentros de Jesús, pregunta con sinceridad, sin rastro de hostilidad.

En su respuesta, Jesús muestra que es un auténtico maestro de la Escritura y su interpretación. El primer mandamiento es complejo: es una orden o invitación a la obediencia y conversión (‘escucha’), a creer y vivir las consecuencias de esa fe que es ponerse en manos de Dios por completo, con un amor total y sin reservas. Como sabemos, en la biblia, ‘amar’ tiene poco que ver con una emoción, como en nuestra mentalidad, sujeta a muchos altibajos, es más bien una cuestión de voluntad puesta en práctica, aunque es un acto plenamente humano del que no se excluye el sentimiento tampoco. El querer y el obrar priman sobre el sentir, eso sí, y se explican dentro del concepto de alianza, o “amistad”, podríamos decir nosotros hoy, aunque se trata de una relación bien “asimétrica” (otra palabreja nuestra) entre un Dios que lo es todo y cada uno de nosotros, meras criaturas. Amar a Dios con todo el ser es experimentar que Dios nos ama y nos hace ser. Pero Jesús une a este mandamiento, otro, haciendo uso de su saber exegético (ambos mandatos contienen la orden ‘amar a alguien’ aunque hacer esto supone conocer bien y en hebrero la Ley), extendiendo este querer y hacer del amor divino a los demás. Jesús los une, los relaciona, pero ni los confunde ni los identifica: se trata de dos aspectos esenciales, pero distintos, de la vida que, no obstante, tienen que ver. Se trata de un hermoso diálogo, con un hermano que también conoce muy bien la Escritura. Jesús afirma, al final, que este hombre no está lejos del reino, que está en la verdad, la misma que él va a hacer accesible a todos gracias a su entrega total, que será por amor.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 6, 2-6

En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo:
–«Teme al Señor, tu Dios, guardando todos sus mandatos y preceptos que te manda, tú, tus hijos y tus nietos, mientras viváis; así prolongarás tu vida. Escúchalo, Israel, y ponlo por obra, para que te vaya bien y crezcas en número. Ya te dijo el Señor, Dios de tus padres: "Es una tierra que mana leche y miel."
Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.
Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 7, 23-28

Hermanos: Ha habido multitud de sacerdotes del antiguo Tes­tamento, porque la muerte les impedía permanecer; como éste, en cambio, permanece para siempre, tiene el sacerdo­cio que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder en su favor.
Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, ino­cente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbra­do sobre el cielo.
Él no necesita ofrecer sacrificios cada día –como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo–, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.
En efecto, la Ley hace a los hombres sumos sacerdotes llenos de debilidades. En cambio, las palabras del juramento, pos­terior a la Ley, consagran al Hijo, perfecto para siempre.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
– «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
Respondió Jesús:
– «El primero es: "Escucha Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu cora­zón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser." El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos.»
El escriba replicó:
– «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo ~ no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los ho­locaustos y sacrificios.»
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
– «No estás lejos del reino de Dios.»
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

LECTURAS DEL DOMINGO


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